Ejemplos ?
Un claro arroyo, cuyas aguas, más frescas y abundantes en verano por la derretida nieve, en varias acequias se repartían, regaba la huerta, donde se daban flores y hortalizas.
De súbito, su miembro se desenvolvió y su fiera cabeza se lanzó sobre uno de mis muslos. Sentí que lo regaba orgullosamente con las estériles marcas de su débil vigor.
Su caballo relinchaba con tristeza, Cavando un hoyo con su pierna, Haciendo una sepultura, Y cubriéndola con paja, Plantando florecitas Que regaba con sus lágrimas.
Estaba Barsut sentado bajo el triángulo de la pesebrera metálica, entre los muros de madera de un box, y al verlo a Erdosain arrugando la frente, detuvo por un segundo la aceitera con que regaba un trozo de carne rodeada de patatas; luego, sin decir palabra que revelara su sorpresa, se engolfó nuevamente en su nutricio trabajo.
Delante del castillo había un ancho estanque de agua limpia y pura, porque el abundante arroyo que regaba la huerta, entrando y saliendo, renovaba el agua de continuo.
"El pequeño Hans tenía gran necesidad de ir a trabajar a su jardín, porque hacía dos días que no regaba sus flores, pero no quiso decir que no al molinero, que era un buen amigo para él.
Derivaba sin dificultad el agua por las limpias acequias. Había una fuente, que Dafnis había descubierto, la cual regaba las flores.
4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron criados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, 5 Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese: porque aun no había Jehová Dios hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra; 6 Mas subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra.
De la punta del piquito le salía un vaho di una luz mucho más alumbradora que la del sol, y esa luz se regaba y se desparpajaba por arriba y por abajo, de frente y por todos los costaos del Cielo, y todo relumbraba, y todo se ponía brilloso con aquella luminaria.
¡Y las industrias que tenía! Regaba afrecho al pie del naranjo; ponía en el reguero una batea recostada sobre un palito; de éste amarraba una larga cabuya cuyo extremo cogía, yendo a esconderse tras una mata de caña a esperar que bajara el "pinche" a comer...
Pero que esto no fue así cuando crió Dios al hombre bastantemente lo declaran las palabras del Génesis, donde se lee: «Y formó Dios del polvo de la tierra al hombre», cuya expresión, queriendo algunos interpretarla con más claridad, dijeron: «Hizo Dios al hombre del limo o barro de la tierra», porque había dicho arriba: «Subía de la tierra una fuente y regaba toda la faz de la tierra», como si por eso debiera entenderse el barro que se forma con la humedad y la tierra.
No serían las doce aún cuando avistamos la casa, donde, por lo menos, me esperaba una comida confortante, y mi sorpresa no fue pequeña al divisar una verja pintada de verde, y tras ella arbolado fino, araucarias y cedros, palmeras y magnolias, un parquecillo bien delineado, unas canastillas lozanas de flores que, sin duda, regaba el agua de una cristalina fuente, cuyo surtidor jugaba con el sol, polarizando su luz.