refriega


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refriega

1. s. f. Combate de poca importancia no hubo que lamentar bajas en la refriega. escaramuza
2. Riña o pelea violenta recibió un navajazo en una refriega callejera. altercado

refriega

 
f. mil. Reencuentro o combate de menos importancia que la batalla.

refriega

(re'fɾjeγa)
sustantivo femenino
1. paz batalla de baja importancia una refriega de policías con narcotraficantes
2. armonía pelea violenta Durante la refriega con los sindicalistas, algunos manifestantes resultaron heridos.
Sinónimos

refriega

sustantivo femenino
encuentro, reencuentro, pelea, choque, combate*.
La refriega tiene menos importancia que la batalla.
Traducciones

refriega

affray, scuffle

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

Fray

refriega

SF (de poca importancia) → scuffle; (violenta) → brawl
Ejemplos ?
que esta relación es la que debe acercarse más a la exactitud y a la certidumbre, pues la tomo de los partes que constantemente dirigí a las oficinas telegráficas del Arsenal y de Baquíjano, desde lo alto del torreón, durante tan terrible refriega; de los apuntes que se siguieron haciendo en la oficina, a presencia de los señores secretarios en ella reunidos; y de las observaciones que por mi mismo he hecho, a la vista de los fuegos encontrados.
Mientras tanto, y aunque la refriega política había concluido por entonces quedando victoriosa la Monarquía, oíase de tiempo en tiempo, ora algún tiro remoto y sin contestación, como solitaria protesta de tal o cual republicano convertido por la metralla, ora el sonoro trotar de las patrullas de caballería que rondaban, asegurando el orden público; rumores ambos lúgubres y fatídicos, muy tristes de escuchar desde la cabecera de un militar herido y casi muerto.
El escándalo pues-cierra Iriarte-ha sido completo y la sangre se ha derramado, en la refriega murió un teniente de artillería Macedonio Larrosa, y hubo un herido”.
Dícenle, para incitallo a la venganza que intentan, que de su espada y valor he hablado mal en su ausencia; que he dicho que las espaldas suyas, fueron las primeras, que vieron los enemigos en la pasada refriega.
No era de envidiar la situación del bedel a quien se encomendaba el peligroso encargo de encerrar en el número once a los condenados a este castigo después de la refriega.
La vela y centinela de la venta, la burla de la pundonorosa Maritornes, la disputa del yelmo y la albarda, la refriega con los cuadrilleros, el reconocimiento de don Fernando y Cardenio, la aclaración de la intriga y su desenlace, y la jaula, por fin, en que restituyen los enmascarados a su lugar al encantado caballero, llenan todo el acto tercero; en la conclusión del cual ha tenido el autor la felicísima idea de herir la cuerda del orgullo nacional, que ha resonado inmediatamente, como era de esperar.
Tentóle el caído y, volviéndosele a don Juan, dijo: -Este sombrero no es mío; por vida del señor don Juan, que se le lleve por trofeo desta refriega; y guárdele, que creo que es conocido.
Paréme a escuchar, no sé si por miedo o por prudencia, y al punto conocí la voz de uno de ellos, marino de profesión, aún no piloto, y que más de dos veces me había honrado en el Instituto con sus testimonios de cariño a su manera. Llegaba la refriega a su desenlace, cuando de ella me enteré yo.
Y cuando me contaban detalles de la refriega matritense, tranvías apedreados, infames atrevimientos, tolerancias inverosímiles de la autoridad, más que dolerme de ello, confiaba en lo futuro...
Por doquiera ardía el combate al pie del lapídeo muro; los argivos, aunque llenos de angustia, veíanse obligados a defender las naves; y estaban apesarados todos los dioses que en la guerra protegían a los dánaos. Entonces fue cuando los lapitas empezaron el combate y la refriega.
Con él había siempre alguna bronca casada para la salida, si no era que la armase en plena sesión; y, aunque Toto salía siempre mal ferido en la refriega, no por ello se dejaba de retos ni baladronadas.
Como en el abaleo, cuando la rubia Deméter separa el grano de la paja al soplo del viento, el aire lleva el tamo por las sagradas eras y los montones de paja blanquean; del mismo modo los aqueos se tornaban blanquecinos por el polvo que levantaban hasta el cielo de bronce los corceles de cuantos volvían a encontrarse en la refriega.