Ejemplos ?
El que había contado este relato y que se disponía a llevar a los labios un vaso de vino para refrescarse después del esfuerzo cumplido, miró al otro con un aire de infinita cortesía y, colocando lentamente el vaso sobre la mesa, explicó que el cuento tendía a demostrar de la manera más lógica lo siguiente: No existe ninguna situación en la vida que no tenga sus ventajas y sus alegrías, siempre que seamos capaces de aguantar una broma.
Y, levantándose, Diego Cortado abrazó a Rincón y Rincón a él tierna y estrechamente, y luego se pusieron los dos a jugar a la veintiuna con los ya referidos naipes, limpios de polvo y de paja, mas no de grasa y malicia; y, a pocas manos, alzaba tan bien por el as Cortado como Rincón, su maestro. Salió en esto un arriero a refrescarse al portal, y pidió que quería hacer tercio.
Y había caminado, caminado, día y noche, cruzando soledades al través de bosques donde aúllan los lobos, encharcado en ciénagas y vadeando ríos, apaleando con el bordón los frutales silvestres para hacer caer la dura fruta, y llenando en los arroyos su calabaza para refrescarse los heridos pies a cada momento, hasta que, desde el Humilladoiro, pudo ver surgir como faros las arrogantes torres de la catedral.
Fernando, para quien todo atisbo de placer era una luz serena, no fue de los menos atrevidos en aproximación; pero como lo hacía sin jactancia, con el mismo natural impulso del que, acometido por repentina sed, se llega a una fuente para refrescarse el paladar...
Octavien, que a menudo había dejado su vaso lleno ante él, pues no quería turbar con una embriaguez vulgar la embriaguez poética que bullía en su cerebro, sintió por la agitación de sus nervios que no le vendría el sueño, y salió de la hostería con pasos lentos para refrescarse la cabeza y calmar su pensamiento con el aire de la noche.
No tan presto Narciso ve delante la dulce sombra del lugar presente, que se alegra en el alma y al instante a refrescarse va junto a la fuente; donde el que, siempre amado y nunca amante, al Amor despreció tan libremente a pena nunca vista es condenado de Amor, que no perdona este pecado.
Pero las seductoras ondas, que limpias a sus pies pasaban y a refrescarse en ellas convidaban, el calor, la galbana, de bañarse en la niña excitaron la gana.
II Ya se acuerda el lector de aquel marido que por el mago anillo socorrido clavó en su miembro a su mujer al techo; sepa también que al cabo, satisfecho de su esposa y vengado, en un medio dejó proporcionado el clavo monstruoso, viviendo en adelante muy gustoso, dándole aumento o merma en ocasiones con derechas o zurdas bendiciones. Paseándose un día alegremente, llegó junto a una fuente donde por diversión quiso lavarse las manos y en el agua refrescarse.
Señoreados, pues, de tan grande navío y siéndoles el viento contrario para tomar la ruta de Jamaica, resolvieron emprender el curso por el cabo de San Antonio (que es de la parte occidental de la isla de Cuba) para ir a refrescarse y hacer aguada, hallándose sin una gota.
En fin quiere su suerte, que allí adonde vino por refrescarse le acaece que, por quitar la sed y ardor que tiene, más sed y más ardor le sobreviene.
Van muy de ordinario a refrescarse a una u otra isla, particularmente a las que están de la parte del mediodía de la de Cuba; entonces limpian sus navíos y, entretanto, unos van a la caza y otros con algunas canoas a cruzar, buscando su fortuna.
–¡Ay, mi Dios –decía– ésto es de más!... Es de más. Después fueron todos a la cachimba a refrescarse y traer agua. Ya ardía el fogón.