reformista

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reformista

1. adj. POLÍTICA, RELIGIÓN Del reformismo el país necesita actitudes reformistas y no radicales.
2. adj./ s. m. y f. POLÍTICA, RELIGIÓN Que es partidario del reformismo pertenece a un partido reformista; es un conocido reformista religioso.

reformista

 
adj.-com. polít. Partidario de reformas o ejecutor de ellas.
Sinónimos

reformista

adjetivo y sustantivo
Traducciones

reformista

riformista

reformista

개혁

reformista

A. ADJreforming
B. SMFreformist, reformer
Ejemplos ?
En rigor, puede afirmarse que la comprobación de los orígenes del movimiento juntista americano y el de sus primeras formas institucionales en España, las ideas reformistas y la evolución por la acción de minorías hacia la independencia se debe a Ferreiro quien fue el primero que puso en evidencia el proceso.
Razonaban de seguro los reformistas: como Lavalleja se debe a las obligaciones de soldado, fatalmente su Ministro deberá ejercer siempre el poder ejecutivo, y como por otra parte, el Gobernador residirá donde la H.
Desengáñese usted, yo no puedo menos de recordar con entusiasmo aquellas costumbres rancias, tan ridiculizadas por los modernos reformistas: ellas me nutrieron, entre ellas crecí y a ellas debo lo poco que valgo y el fundamento de esta familia que hoy me rodea, y, aunque montada a la moderna, respeta mis manías, como ustedes dicen, y me permite vivir cincuenta años más atrás que ella.
Durante el período dictatorial fueron innumerables los intentos de revuelta del Pueblo, determinando que las altas esferas del país, se preocupaban por canalizar el sentimiento revolucionario de los trabajadores por los senderos reformistas de la democracia, lo que fue posible al conseguir que organismos obreros ugetistas se enrolasen en la convocatoria de elecciones que determinó el triunfo político de la República.
Pero el enfrentamiento no termina ahí, y como una oligarquía renovada había hecho suyas las consignas liberales, en su afán por acelerar la gran expansión de las exportaciones desde el último tercio del siglo XIX, los movimientos reformistas y revolucionarios del siglo XX se adscribirían a nuevas concepciones políticas, que en sus versiones latinoamericanas tendrían, salvo en las más doctrinarias manifestaciones del anarquismo y el socialismo, un denominador común: el nacionalismo.
Dentro del terreno político, en las primeras tres décadas del siglo XX, presagian la ruptura con la tradición liberal, sin llegar a consumarla, los movimientos reformistas al estilo del batllismo uruguayo y el radicalismo argentino; mientras la revolución mexicana marcaba un profundo corte en la historia de la nación azteca.
Lo hemos dicho y lo reiteramos: somos partidarios de reformas revolucionarias, no reformistas; reformas rápidas y profundas, pero armonizadas entre sí y con el todo social, de modo que su adopción no resulte contraproducente al objetivo de justicia social y libertad personal que perseguimos.
Con la independencia saltan a un primer plano el constitucionalismo francés y las ideas de Rousseau, cuyo primado obedece a la radicalización de un proceso que, abandonando los cauces reformistas, se encaminaba hacia las soluciones revolucionarias.
La reforma del Estado, y el desarrollo económico constituían la principal preocupación de los más connotados representantes del pensamiento demoliberal en esta etapa, que coincide cronológicamente con una avalancha de movimientos revolucionarios y reformistas dirigidos a liquidar el predominio conservador desde México hasta el Cono Sur (1850-1870-80).
En primer lugar es una solución contra el paro, admitida incluso por las organizaciones reformistas de Norteamérica; las más reaccionarias del mundo.
Las determinaciones de los demócratas, los cuales en ningún caso son revolucionarios, sino simplemente reformistas, deben ser estimuladas hasta el punto de que se conviertan en ataques directos a la propiedad privada; así, por ejemplo, si la pequeña burguesía propone la incautación de los ferrocarriles y las fábricas, los trabajadores deben decir que, siendo estos ferrocarriles y estas fábricas propiedad de los reaccionarios, tienen que ser confiscados simplemente por el Estado y sin compensación.
En los artículos de la prensa, en las asambleas públicas, en los sindicatos y en las cooperativas, donde quiera que los adherentes a la Internacional Comunista estén presentes, es necesario denunciar, sistemática e implacablemente, no sólo a la burguesía, sino también a sus servidores, los reformistas de cualquier tipo.