redoma

redoma

s. f. Recipiente de vidrio ancho en la base y estrecho en la boca, usado en los laboratorios. matraz

redoma

 
f. Vasija de vidrio ancha en su fondo que va angostándose hacia la boca.

redoma

(re'ðoma)
sustantivo femenino
recipiente de vidrio, ancho en el fondo y que se afina hacia la boca Compraron redomas nuevas para el laboratorio.
Traducciones

redoma

ampoule

redoma

flask, phial, vial

redoma

ampolla

redoma

SF
1. (= frasco) → flask, phial
2. (Cono Sur) [de pez] → fishbowl
3. (Caribe) (Aut) → roundabout, traffic circle (EEUU)
Ejemplos ?
Oh Dios, derriba en tu furor los pueblos. 8 Mis huídas has tú contado: Pon mis lágrimas en tu redoma: ¿No están ellas en tu libro?
Ya yo los temía, y por las estrellas alcancé esa desventura, y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de letrados me avecindé en esta redoma, y por no los ver me quedaré hecho pastel en bote.
En fin, de ver el gato lastimado, que le había criado, envió por triaca, que todo venenoso ardor aplaca. de la magna que hacen en Valencia, de que tenía una redoma sola cierto farmacopola.
Vaciada la primera redoma, la bienaventurada Virgen tomó la segunda y metió la cuchara para darle; él, gimiendo dulcemente, le decía: ¡Oh beatísima Madre de Dios!, si mi alma está ya casi del todo derretida por la fragancia y la suavidad del primer electuario, ¿cómo voy a poder soportar el segundo?
El pobre para vengarse, le tiró un piojo; la Princesa, que nunca había visto tan asquerosa sabandija, se lo llevó a palacio, lo metió en una redoma y lo crió con sopitas de leche, con lo que se puso tan gordo que no cabía en la redoma.
II - El almuerzo En el estrecho recinto de una franciscana celda, cómoda, aunque humilde y pobre, y de extremada limpieza, de la Rábida el prelado con sus dos huéspedes entra, y después que sendas sillas les ofrece y les presenta, abre franco y obsequioso una mezquina alacena, de donde bizcochos saca, una redoma o botella del vino más excelente que da el condado de Niebla, aceitunas, pan y queso, y tres limpias servilletas, acomodándolo todo en una redonda mesa, no lejos de la ventana que daba vista a la huerta.
A pesar de lo mucho y bien que discurría don Casto en materias lírico-dramáticas, como él decía, era lo cierto que en once años había visto dos veces el teatro Español por dentro. No había visto más que La vida es sueño y La redoma encantada.
Nuestra zoología doméstica, la componen unas ocho gallinas alharaqueras, unos pollos enclenques y vivaces, un perro plebeyo y muy querido que lleva el romántico nombre de "Capulí", una lora que tiene mutismos parlamentarios, dos líricos jilgueros, y a más de una que otra pulga casera, tres pececillos de colores en una azul redoma, que cuentan hoy entre los seres del martirologio acuático.
En este mundo estrecho, pero tan rebosante de disgusto, sólo un objeto conocido me sonríe: la redoma de láudano, una vieja y terrible amiga que, como todas las amigas, ¡ay!, es fecunda en ardides y en traiciones.
-Este año esperaba yo. -¿Quién eres -dije-, que parido de una redoma, hablas y vives? -¿No me conoces?-dijo- ¿La redoma y las tajadas no te advierten que soy aquel famoso nigromántico de Europa?
¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de una redoma para ser inmortal? -Toda mi vida lo he oído decir -le respondí- mas túvelo por conversación de la cuna y cuento de entre dijes y babador.
¿Que tú eres? Yo confieso que lo más que llegué a sospechar fue que eres algún alquimista que penabas en esa redoma, o algún boticario.