rediós


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rediós

EXCLgood God!
Ejemplos ?
¿No hace ya dos horas que debería haber visto tu culo?... ¡Bueno, vamos! —Pero, señor, ¿qué debo hacer? —¡Ah, rediós! ¿Esto se pregunta?... ¿Qué debes hacer?
Yo no soy el veterano de los inválidos, pero para satisfacer tu intemperancia te ofrezco lo que tengo en las entrañas, y creo que será copioso. —¡Oh, rediós!
Y, en cuanto lo hubo visto: —¡Ah! ¡Rediós, qué hermosas nalgas! Y entonces las besó, las entreabrió, le vimos claramente meter su lengua en el lindo agujero.
Mujeres voluptuosas y hábiles, no neguéis nunca este placer a vuestros amantes; los encadenará a vosotras para siempre... ¡Ah, santo Dios, rediós!...
Nuestro hombre está en las nubes, se extasía, traga, va a buscar él mismo sobre mis labios la impura eyaculación que lo embriaga, sin perder una gota, y cuando cree que la operación va a cesar, provoca su continuación con los cosquilleos de su lengua; y su verga, aquella verga que apenas toco, tan abrumada estoy por la crisis, aquella verga que sólo se endurece sin duda después de tales infamias, se hincha, se levanta y deja, llorando, sobre mis dedos la prueba nada sospechosa de las impresiones que aquella suciedad le proporciona. —¡Ah, rediós!
Y mientras el padre Salvador se colaba cielo adentro sobre la grupa de la monja, San Pedro cerró la puerta por aquella noche, murmurando con admiración: -¡Rediós, y qué batalla están dando allá abajo!
¡Chupa, chupa, puta! ¡Chupa y traga!, ¡rediós!, ya llego, ¿no te das cuenta? Y besando todo lo que se ofrece a él, muslos, vagina, nalgas, ano, todo es lamido, todo es chupado, la vieja traga, y el pobre vejestorio que se retira tan mustio como antes, y que verosímilmente ha descargado sin erección, sale avergonzado de su extravío, y gana lo más rápidamente posible la puerta para no tener que ver, sereno, el cuerpo, repugnante que acaba de seducirlo.
Entonces es preciso que yo descargue, sí, que descargue sacudiendo tu hermoso culo... ¡Oh! ¡rediós! ¡Qué placer me das! Nunca había comido mierda más deliciosa, se lo aseguraría al mundo entero ¡Dame, dame, angel mío, dame este hermoso culo, para que lo chupe, para que lo devore una vez más!
Cuántas veces, ¡rediós!, no he deseado que se pudiera atacar al sol, privar de él al universo o aprovecharlo para abrasar al mundo; esos serían crímenes, y no los pequeños extravíos a que nos entregamos que se limitan a metamorfosear al cabo del año a una docena de criaturas en montículos de tierra.
—contestó el presidente—. ¡Eh! Rediós, la obligaría a devolver lo que yo le daría del mismo modo. —¿Es decir —preguntó el financiero, cuya cabeza empezaba a extraviarse—, que tú devolverías en la boca de la mujer, la cual se tragaría lo tuyo y después lo devolvería?
Aquel dedo buzo no tuvo necesidad de ir muy lejos para convencerse de la necesidad real que yo le había asegurado que experimentaba; apenas hubo tocado, fue presa del éxtasis. —¡Oh, rediós!
El obispo, uno de cuyos grandes y simples placeres era el de chupar el pito de los niños, se divertía en este juego con Jacinto desde hacía algunos minutos cuando, de pronto, exclamó retirando su boca llena: —¡Ah! ¡Rediós, amigos míos, he aquí una virginidad!