recio

(redireccionado de recias)
También se encuentra en: Sinónimos.

recio, a

1. adj. Que es grueso esta tela es demasiado recia para hacer una camisa. abultado
2. Que tiene un aspecto robusto y fuerte él solo podrá con todo porque es recio. vigoroso débil
3. Que tiene mal carácter. arisco
4. Que es difícil de soportar por ser muy fuerte o violento se puso tapones en los oídos para no escuchar el recio sonido de la taladradora. intenso
5. Se aplica al tiempo que es riguroso se prevén recias nevadas en las zonas montañosas. crudo
6. Se refiere a la tierra que es muy sustanciosa. fértil
7. adv. Con fuerza, ímpetu o rapidez.
8. de recio loc. adv. Con violencia y fuerza se golpeó de recio en la cabeza.

recio, -cia

 
adj. Fuerte, robusto, vigoroso.
Grueso, gordo o abultado.
Áspero, duro de genio.
Duro, grave, difícil de soportar.
Díc. de la tierra gruesa, sustanciosa, de mucha miga.
Díc. del tiempo riguroso, rígido.
Veloz, impetuoso.

recio, -cia

('reθjo, -θja)
abreviación
1. cosa que es fuerte y gruesa un animal recio
2. persona que es de complexión fuerte y tiene buena salud un joven recio
3. terreno que es muy productivo unas tierras recias
4. vino que tiene mucho cuerpo un tinto recio
5. clima que es riguroso o extremo una lluvia recia

recio


adverbio
con intensidad o violencia Nieva recio.
Traducciones

recio

A. ADJ
1. (= fuerte) [persona] → strong, tough; [cuerda] → thick, strong; [prueba] → tough, demanding, severe; [tierra] → solid
2. [voz] → loud
3. [tiempo] → harsh, severe
4. (= intenso) en lo más recio del combatein the thick of the fight
en lo más recio del inviernoin the depths of winter
B. ADV [soplar, golpear] → hard; [cantar, gritar] → loudly
Ejemplos ?
En aquel mismo punto, una vieja de cara bestial, de recias formas, de saliente mandíbula y juanetudos pómulos, llegó cargada con un haz de tojo que porteaba en la horquilla, y que depositó sobre el montículo de estiércol, adorno del corral.
Saltó él de su montura, empuñada la pistola; pero la Loba, sin darle tiempo a nada, desde el mismo suelo en que yacía, se le abrazó a las piernas y logró tumbarle. Arrancóle la pistola, que arrojó al seto, y después le echó al cuello las recias y toscas manos, y apretó, apretó, apretó...
Unos decían: “El Señor le socorra y valga.” Otros: “Bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio.” Finalmente, algunos que allí estaban, y a mi parecer no sin harto temor, se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes puñadas a los que cerca dél estaban. Otros le tiraban por las piernas y tuvieron reciamente, porque no había mula falsa en el mundo que tan recias coces tirase.
Alli el engañado amigo Y la muger deshonrada, La inocencia condenada, La vendida rectitud A recias voces pedian Contra el culpable venganza, Y de ella con esperanza Asidos de su ataud.
(128) Y aunque recias tempestades Fueron á turbarles luego, De su retiro el sosiego Y el bien de sus soledades, Del rey su tio á cubierto Ellos allá en sus estados Vivieron muy bien casados, Y esto es, ¡oh lector!
Y por este motivo remontaba el Paraná hasta un obraje, con sus famosos stromboot. Apenas salido de Corrientes había calzado sus recias botas, pues los yacarés de la orilla calentaban ya el paisaje.
No teniendo ya quién le diese qué hilar para mantenerse, tuvo que ir a trabajar al campo en compañía de su madre, donde ora cogiendo aceitunas, ora espigando, ora en otras más recias faenas, se tostaba su linda cara con los rayos del sol, se encallecían sus blancas y delicadas manos y se entristecía su alma, oyendo que de continuo la llamaban por mofa la reina.
2 He aquí Jehová tiene un fuerte y poderoso: como turbión de granizo y como torbellino trastornador; como ímpetu de recias aguas que inundan, con fuerza derriba á tierra.
Cuando desuella estío la llanura cuando la pela el riguroso invierno, brinda al azul el piélago de encinas su verde viejo. Como los días, van sus recias hojas rodando una tras otra al pudridero, y siempre verde el mar, de lo divino nos es espejo.
Antes las ideas se erguían en silencio en la mente como recias torres, por lo que, cuando surgían, se las veía de lejos: hoy se salen en tropel de los labios, como semillas de oro, que caen en suelo hirviente; se quiebran, se radifican, se evaporan, se malogran –¡oh hermoso sacrificio!
Pero Agamemnón, rey de hombres, gritóles con recias voces: —Deteneos, argivos; no tiréis jóvenes aqueos; pues Héctor, de tremolante casco, quiere decirnos algo.
Allí, pues, se hundió la lanza, y Adamante, cayendo encima de ella, se agitaba como un buey a quien los pastores han atado en el monte con recias cuerdas y llevan contra su voluntad; así aquél, al sentirse herido, se agitó algún tiempo, que no fue largo porque Meriones se le acercó arrancóle la lanza del cuerpo, y las tinieblas velaron los ojos del guerrero.