recién nacida

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recién nacida

neonata
Ejemplos ?
duérme al arrullo Del mismo padre Niágara que un día Recién nacida te arrulló,(1) y no ha mucho Recién feliz te prometió arrullarte.
En este punto quedan estrechados los lazos asociativos de los elementos -tan contradictorios- de las ideas latentes por la circunstancia casual de que la hija recién nacida de mi amigo ha recibido el nombre de Paulina, nombre que es también el de una compañera de mis juegos infantiles, niña de mi misma edad y hermana de mi más antiguo amigo y adversario.
Después, recién nacida la Libertad, en su primera hora de caminar por América, desde los ojos de la República cayó al volcán la lágrima de la tercera estrella.
Preguntado el médico, declaró que no había tal corona, y que sólo se observaban en la frentecita de la recién nacida, y entre la pelusa que cubría su cráneo, unas manchas rosa, como huellas de picadas de alfileres.
Pero es evidente que si lo que sucede hoy con don Fernando de Coburgo es la fiel traducción práctica de los preceptos constitucionales de la recién nacida, imposible será, bajo ningún sistema monárquico, hallar un rey más acatado...
El álbum de la Gran Cartuja es incontestablemente el padre y modelo de los álbums.» Esta afición, recién nacida, cundió extraordinariamente; los ingleses asieron de ella; los franceses no la despreciaron, y todo hombre de alguna celebridad fue puesto a contribución; el valor, por consiguiente, de un álbum puede ser considerable; una pincelada de Goya, un capricho de David, o de Vernet, un trozo de Chateaubriand, o de lord Byron, la firma de Napoleón, todo esto puede llegar a hacer de un álbum un mayorazgo para una familia.
«No se habla de ese modo a un personaje.» Pues haz cuenta, señor, que no me oíste, Y escucha a un Caracol. Vaya de chiste En un bello jardín, cierta mañana, Se puso muy ufana Sobre la blanca rosa Una recién nacida Mariposa.
Una de las hadas jóvenes que estaba a su lado, oyola, y temiendo que concediese algún don dañino a la princesita, en cuanto se levantaron de la mesa fue a esconderse detrás de un tapiz para hablar la última y poder reparar hasta donde le fuera posible el daño que hiciera la vieja. Comenzaron las hadas a conceder sus dones a la recién nacida.
En el día de hoy, todos nosotros, mediante nuestra presencia aquí y mediante celebraciones en otras partes de nuestro país y del mundo, conferimos esplendor y esperanza a la libertad recién nacida.
Todo el tiempo en que esto pasó le entretuvo el ama en paladear al niño con miel y en mudarle las mantillas de ricas en pobres; y, ya que lo tuvo todo aderezado, quiso llevarla en casa de una partera, como don Juan se lo dejó ordenado, y, al pasar con ella por junto a la estancia donde estaba la que quería comenzar su historia, lloró la criatura de modo que lo sintió la señora; y, levantándose en pie, púsose atentamente a escuchar, y oyó más distintamente el llanto de la criatura y dijo: -Señores míos, ¿qué criatura es aquella, que parece recién nacida?
Me sirvo de ellos, es verdad, pero de una manera, creo, que no demuestra que les tenga mucho afecto. —¡Y bien!, señor —dijo la Fournier—, en este caso confíe en nosotras, le juro que es tan virgen como una recién nacida.
¿Quién pudiera entender los manantiales, el secreto del agua recién nacida, ese cantar oculto a todas las miradas del espíritu, dulce melodía más allá de las almas?...