receloso

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receloso, a

adj. Que tiene recelo no estés receloso, yo sé que es una persona de confianza. desconfiado

receloso, -sa

 
adj. Que tiene recelo.
Sinónimos
Traducciones

receloso

méfiant

receloso

misstänksam

receloso

ADJ (= suspicaz) → suspicious; (= desconfiado) → distrustful; (= temeroso) → apprehensive
Ejemplos ?
Esta primera instalación venía a costar bastante plata y no dejó de haber vecinos compasivos para deplorar que ese pobre de don Bernabé hubiese perdido el juicio y se encaminase a la ruina con tanta precisión; sin contar que quedaban recelosos de algún nuevo desastre para sus propios campos, como el año anterior.
Uno de sus caballos más hermosos Tomó también por blanco de sus tiros; Algunos no flecharon recelosos Y rindieron su vida con suspiros.
A los realistas coligados les interesaba en extremo hacer ellos mismos estas leyes y no dejar que las hiciesen los republicanos ya recelosos.
Los soldados cubiertos de lodo exhalaban un vaho húmedo, de los ponchos: Bajaban sin formación por los caminos del monte: Desanimados y recelosos murmuraban que habían sido vendidos.
Y a cada chispa del tizón postrero, A cada empuje del turbión errante, A cada voz del pájaro agorero Que velaba en el nido vacilante, Volvíamos el gesto, recelosos, En derredor del descompuesto fuego, Levantando los ojos perezosos, Que al roto sueño se tornaban luego.
Después, puesto que la experiencia del pasado les habrá vuelto recelosos y desconfiados, puesto que temerán que el director nombrado por ellos se quede con la producción para su propio beneficio, y simplemente reconstituya, de manera abierta o cerrada, el viejo monopolio para su beneficio particular, elegirán delegados, representantes encargados de aprobar los fondos necesarios para los costes de la producción, de vigilar el empleo que de ellos se hace, y de controlar que la sal producida sea repartida por igual entre todos los que tienen derecho.
El viejo y la vieja le miraron pasmados, sin saber lo que les pasaba: él, con su zueco a medio desbastar en la mano; ella, con una sarta de cebollas que acababa de enristrar; y como su ilustrísima, sofocado de emoción, no pudiese articular palabra, tuvo el arcipreste -sacerdote de explicaderas, orador sagrado de renombre, de genio franco y despejado- que tomar la ampolleta y dirigirse a los dos aldeanos atónitos y algo recelosos además -no se sabe nunca qué intenciones traen los señores.
Y como Casio y otros, recelosos desta plática, empuñasen las espadas, conjeturando Bruto de las acciones de Popilio que le pedía por sí alguna cosa con vehemencia, y que no los delataba, desengañado, los aseguró a todos de la sospecha que los aceleraba.
El viejo marido, observando la perpetua melancolía de su esposa, a su vez se mostraba hosco y gruñón; los criados desempeñaban sus quehaceres de mal talante, recelosos; nunca llamaba a la puerta una visita; nunca se le ofrecía a Romana ningún honesto esparcimiento: a misa los domingos y fiestas de guardar; a «dar una vuelta» por Recoletos cuando hacía bueno, y el resto del tiempo sepultada en su butaca, peleándose con una eterna labor de gancho, una colcha, que no se acababa porque a la labrandera no le interesaba que se acabase, y en lugar de mover los dedos, dejaba el hilo y las tiras sobre el regazo y se entregaba a una de esas meditaciones sin objeto, fatigosas como caminar sobre guijarros, entre polvo.
En las extensas piezas, junto a las ventanas abarrotadas, por donde entraba el fresco matinal renovando el ambiente cargado por el vaho del amontonamiento de la carne, formábanse los grupos, las tertulias de la desgracia, buscándose los hombres por la identidad de sus hechos: los delincuentes por sangre eran los más, inspirando confianza y simpatía con sus rostros enérgicos, sus ademanes resueltos y su expresión de pundonor salvaje; los ladrones, recelosos...
Pero, recelosos todavía de llamar sobre al indiscreta atención, dejaban gozar en paz y con toda tranquilidad, de su ocupación precaria del suelo, a los que, creyéndose siempre en vísperas de poseer esos campos que les debían su incipiente civilización, no venían a ser más, en ellos, que meritorios intrusos, fáciles de desalojar.
Las viandas gustaba Blanca en silencio mientras él cantaba, Y si su padre el cántico aplaudia (189) Con recelosos ojos le miraba, Y en silencio seguia: Mas si el baron la copa le alargaba El peregrino sin temor bebia.