rebenque


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rebenque

(Del fr. raban < neerlandés raband < ra, verga + band, lazo.)
1. s. m. HISTORIA Látigo de cuero o cáñamo con que se castigaba a los galeotes.
2. NÁUTICA Cuerda o cabo cortos.
3. Amér. Merid. EQUITACIÓN Látigo recio que usa el jinete para domar o castigar a la caballería.

rebenque

 
m. Látigo de cuero o cáñamo embreado, con el cual se castigaba a los galeotes.
mar. Cuerda o cabo corto.

rebenque

(re'βenke)
sustantivo masculino
instrumento usado para animar o castigar a los caballos un rebenque de cuero
Sinónimos

rebenque

sustantivo masculino
2 (América) látigo corto.

rebenque:

anguila de cabo
Traducciones

rebenque

SM (LAm) → whip, riding crop
Ejemplos ?
los cumplimientos, dijo el padre de María tomando el sombrero y el rebenque del recién llegado y colgándolos a una percha destinada para ese objeto.
Se pega en todos los países. Conocéis el clásico knut ruso, el cat of nine tails, gato de nueve colas inglés, el rebenque gaucho.
La sola vista de su rebenque les infundía, a los pobres soldados, un apego insólito a todas las virtudes: ¡adiós!, repetidas copas que turban la vista, convites que tapan el horizonte, mientras desaparece el fugitivo; ¡adiós!, amores furtivos, que, en las noches obscuras, propias a las carneadas subreptucias, desaciertan la vigilancia; ¡adiós!, bailecitos improvisados, en los ranchos, y siestas prolongadas, en las frescas ramadas de las estancias.
Vosotras las inspiradas por el ígneo espíritu de la sublime lucha; vosotras las fuertes, las justicieras, las hermanas del esclavo rebelde y no las siervas envilecidas de los señores feudales; vosotras que habéis hecho independiente vuestra conciencia cuando millares de hombres viven aún en la sombra medrosa del prejuicio, cuando todavía muchas nervudas manos permanecen enclavijadas en ademán de súplica ante el rebenque implacable y odioso de los amos...
Mis espuelas macumbés, mi rebenque con birolas, rico facón, güenas bolas, y linda manea, llevé; para el tirador me alcé diez pesos en plata blanca pa llegar a cualquier banca, pues soy medio jugador; ¡no me arrolla ni el mejor ni tengo la mano manca!
Míster Jones mandó al peón a la chacra, con el rebenque aún en la mano, para echarlo si continuaba oyendo sus jesuísticas disculpas.
Los que al pundonor atienden sin faltar jamás en nada, vengo yo a echar en galeras, porque paguen su ignorancia. Ante mí han de parecer y, su culpa averiguada, el rebenque de la honra les zurrará la badana.
De vez en cuando acontecía el milagro, en esos tiempos en que los había a mantas, de que todos los muchachos daban una tarde buena lección, evitando además proporcionar todo pretexto para el vapuleo. ¿Creen ustedes que por eso dejaba de funcionar el rebenque?
Por lo demás, se procedía siempre de acuerdo con una tabla sancionada por la estadística experimental; se sabía que el uso del rebenque firme, apoyado por el talón incansable, producía el trote: si el compañero de adelante podía distraerse hasta el punto de menear talón a su vez se obtenía un simulacro de galopito expirante; y por fin el "maximum", esto es, un galope normal, de tres cuadras exactas de duración, se alcanzaba por la hábil combinación del rebenque, cuatro talones y una pequeña picana, dirigida con frecuencia hacía aquellos puntos que el animal, en su inocencia, había dado muestras de considerar como los más sensibles de su individuo.
BORJA Ya sé que es gente obstinada y de vida aporreada, y pues no está escarmentada ni al rebenque ni a la soga, ¡ay que boga, canalla, boga, ay que boga, canalla, boga!
El comprador, de repente, levanta en silencio el rebenque, para que sus peones lo sigan, y abre con ellos en la hacienda, al tranco largo, un surco que corta del rodeo, más o menos, el trozo convenido de quinientas cabezas.
Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber cómo, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petiso, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano la lonja de un rebenque de cabo de fierro.