Ejemplos ?
Alfonso Arias de Segura, hijo de los reinos de España, y hombre que se había conquistado en el ejercicio de su cargo la reputación de severo hasta rayar en la crueldad.
Como perseguida fiera entró en mi casa: pues bien, al cazador se la den, que la mate donde quiera. Mostrarse de pecho blando con ella, fuera rayar en loca: voy a mandar que la traigan arrastrando.
o no sé, lector, si conoces una de mis leyendas tradicionales titulada Pepe Bandos, en la cual procuré pintar el carácter, enérgico hasta rayar en arbitrario, del virrey don José de Armendáriz, marqués de Castelfuerte.
Con una imaginación ardiente, donairoso en la expresión, valiente hasta la temeridad y generoso hasta rayar en el derroche, era don Francisco de Borja y Aragón el tipo más cabal de aquellos caballerosos hidalgos que se hacían matar por su rey y por su dama.
Esto ya le quitó las últimas dudas que pudiera haber tenido de que Sapito era un tesoro; pues de haber duplicado el valor de los novillos en un año, al mismo tiempo que les sacaba la chicha con el arado, y producía con su trabajo maíz, papas, zapallos, verduras y todas esas cosas que si poco le gustaban a don Benito no dejaban de ayudar a la manutención de la familia, le parecía rayar en milagro, y cuando el muchacho le aseguró que haría bien en comprar semilla de alfalfa para sembrar siquiera algunas cuadras apenas, apenas se hizo rogar en aflojar los pesos.
Es verdad que el señor rector se despepitaba por un platito de magras con tomate o un par de truchas del riachuelo de Alzánia, pero en cambio era celosísimo en el desempeño de su sagrado ministerio y, como suele decirse, no tenía cosa suya, pues gastaba en limosnas y en obsequiar a cuantos llegaban a su casa, no sólo el producto de su curato, sino también el de media docena de caserías que había heredado de sus padres. La llavera o ama del señor rector había sido tan feliz como éste hasta rayar en los treinta años.
Esta denominación, que huele a azucena, convenía maravillosamente con el tipo de la chica, blanca, fresca, rubia, cándida de fisonomía hasta rayar en algo sosa, defecto frecuente de las bellezas de lugar, en quienes la coquetería se califica de liviandad al punto, y el ingenio y la malicia pasarían, si existiesen, por depravación profunda.
Y al rayar en el Oriente, tras de los mares cerúleos, la nueva luz, ve el piloto a su frente un leve punto, que alzándose lentamente de las olas, forma el bulto de azul monte, en cuyas crestas brilla el sol cual oro puro.
Allí vimos brotar los generosos alientos de cien jóvenes, que ahora son en ciencia y valor nombres gloriosos. Allí rayar en su brillante aurora de Espronceda, ¡oh dolor!, el genio ardiente que el soplo de la muerte heló a deshora.
Poseían cierta uniformidad de aspecto, aunque las deformidades eran frecuentes en sus cuerpos en muy diferentes grados, y esto les concedía características físicas individuales que en ocasiones podían rayar en lo grotesco.
Su forma de ser, haría pensar, fácilmente, que no se trata de un malvado o un despiadado autócrata como su padre Charles Vi Britannia o el propio Lelouch, pero en realidad es tan ambicioso y deseoso de poder como ambos, sólo que es mejor disimulándolo, para lo cual se basa en su personalidad que puede llegar a rayar en la humildad, denotándose el caso en que conoce a la asistente del Conde Lloyd Asplund, Cecile Croomy, quien al ver al príncipe, se resbala, ante lo cual el mismo Schneizel le ayuda a levantarse y le besa la mano con la mayor gentileza, a pesar de ser un miembro de la realeza.
El artista Jean Dubuffet ha admitido que el uso creativo de esta herramienta se lleva a cabo durante situaciones de su vida cotidiana en las que inconscientemente busca salir del aburrimiento, ya sea durante largas llamadas telefónicas, cuando comienza a rayar en una hoja de papel o cualquier otra superficie mientras escucha a la otra persona o al trazar garabatos en fotos de revistas para hacer que las personas en ellas luzcan distintas.