rareza

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rareza

1. s. f. Rasgo diferencial en alguna cosa que hace que se salga de lo común, de lo corriente la rareza de esa planta la hace más bonita. singularidad
2. Circunstancia de ocurrir pocas veces una cosa. excepcionalidad
3. Cosa poco común o rara, tanto si se trata de objetos como de acciones y comportamientos humanos no hay quien aguante sus rarezas extravagancia

rareza

 
f. Calidad de raro.
Cosa rara.
Acción característica de la persona rara.

rareza

(ra'ɾeθa)
sustantivo femenino
1. cualidad de aquello que es poco común o extravagante La rareza de la película me dejó azorado.
2. cosa que resulta poco común o extravagante Todos tenemos nuestras rarezas.
Sinónimos
Traducciones

rareza

Rarität

rareza

rareté

rareza

raridade

rareza

نادرة

rareza

рядкост

rareza

sjældenhed

rareza

珍しい

rareza

sällsynthet

rareza

SF
1. (= calidad) → rarity
2. (= objeto) → rarity
3. (= rasgo singular) → oddity, peculiarity
tiene sus rarezashe has his peculiarities, he has his little ways
tiene alguna rarezathere's something odd about him
Ejemplos ?
Estas imaginaciones -quimeras, indudablemente, de un cerebro tonto y enfermo- me llevaron a pensamientos más directos sobre las rarezas de Bartleby.
-Supongo -dije por último, dirigiéndome a mi Tomasito- que usted no querrá abarcar honra y provecho; esas estupendas rarezas que por acá nos vienen contando los viajeros de los Walter Scott, los Casimir Delavigne, los Lamartine, los Scribe y los Víctor Hugo, de los cuales el que menos, tiene, amén de su correspondiente gloria, su palacio donde se da la vida de un príncipe, son cosas de por allá y extravagancias que sólo suceden en Francia y en Inglaterra; verdad es que no tenemos tampoco hombres de aquel temple, pero si los hubiera sucedería probablemente lo mismo.
La cuantía y la intensidad de diversión que la gente joven de hoy día, y especialmente las jóvenes, son capaces de extraer de lo que se complacen en llamar rarezas de galanteo del siglo diecinueve, parece ilimitada.
Y la Duelos, obedeciendo, reanudó así el hilo de su historia: Puesto que a los señores les gustan tanto estas rarezas, dijo nuestra historiadora, lamento que no hayan refrenado un instante su entusiasmo, porque lo que tengo que contar aún esta noche surtirá mayores efectos.
Yo pensaba como él; pero, de esas rarezas que hay, se me antojó llevarle la contraria y declarar que los crisantemos «daban una nota de color» preciosa.
Taller de producción que no interesa, manía charlatana de rarezas que se adornan diciéndose poetas y no cantan, pues no saben, y no danzan, pues no pueden y no tocan la vihuela o la guitarra ni siquiera una oxidada pandereta como aquellos trovadores, juglares, cancioneros o teopixques.
Es que, fuera de que, a menudo, pueden más, para conquistar a los más viriles corazones, en sus primeros arranques, astutas coqueterías de otoño que primaverales encantos, también hay, en los gustos, a veces heteróclitos, de la juventud, rarezas, al parecer inexplicables, que han de tener su buen fin, y ya que así lo quieren los interesados, es que la naturaleza lo habrá mandado así.
Pero Eugenia no pensaba en estas rarezas, ni en las manías de su padre, ni en el peligro que tenía para ella el hecho de desprenderse de aquel tesoro que tanto apreciaba el autor de sus días, sino en su primo, y llegó, por fin, a comprender, después de algunos errores de cálculo, que poseía unos cinco mil ochocientos francos en valores reales, los cuales, convencionalmente, podían venderse por dos mil escudos.
Y más aún, recordé cierto aire de inconsciente, de descolorida -¿cómo diré?- de descolorida altivez, digamos, o austera reserva, que me había infundido una mansa condescendencia con sus rarezas, cuando se trataba de pedirle el más ligero favor, aunque su larga inmovilidad me indicara que estaba detrás de su biombo, entregado a uno de sus sueños frente al muro.
Era uno de ellos, ya ve usted si soy vieja, nada menos que el famosísimo Lazcano, de reputación europea, en opinión de sus conciudadanos los santiagueses; cirujano ilustre, de quien se contaba, entre otras rarezas, que sabía resolver los alumbramientos difíciles con un puntapié en los riñones, que se hizo más célebre todavía que por estas cosas por haber persistido en el uso de la coleta, cuando ya no la gastaba alma viviente.
Respirando una atmósfera propia que parece rodearles, como una muralla impenetrable a los ojos profanos, habitan un mundo ignorado de todos, y mientras las modernas gentes se ríen de su apariencia carcomida y haraposa, y de aquellos usos ya perdidos que ellas guardan cuidadosamente como un precioso tesoro; mientras las personas sensatas y cuerdas murmuran, sin duda con intención moralizadora, de las rarezas y excentricidades de esos entes que viene a mezclarse entre ellas como una tela sucia entre sus ropas domingueras...
No hay que hacerse ilusiones: una victoria efectiva de la insurrección sobre las tropas en la lucha de calles, una victoria como en el combate entre dos ejércitos, es una de las mayores rarezas.