raquero

raquero, a

1. adj. NÁUTICA Se aplica al barco que va pirateando o robando por las costas.
2. s. NÁUTICA Persona que raquea o se dedica a recoger restos de naufragios u otras cosas del mar.
3. NÁUTICA Persona que hurta en puertos y costas.
Traducciones

raquero

/a SM/Fbeachcomber
Ejemplos ?
porque detrás de nusotros podrá ir, con la ley en la mano, el raquero del Puntal, el chalupero de las Presas y toos los tiñosos de la costa de la badía...
Yo soy de la opinión del raquero: su destino, como escobón de barrendero, es apropiarse de cuanto no tenga dueño conocido: si alguna vez se extralimita hasta lo dudoso, o se apropia lo del vecino, razones habrá que le disculpen; y, sobre todo, una golondrina no hace verano.
Repara en esta especie de ovillo humano que yace sobre el santo suelo en el hueco de esa puerta cerrada: son chicuelos de la calaña de Cafetera, de aquel raquero de quien te hablé en las Escenas, que duermen, enroscados como anguilas en banasta y sirviéndose mutuamente de colchón, almohada y cobertura, mientras llegan del mar las lanchas a que pertenecen y que han de custodiar luego hasta el amanecer en esta dársena.
El raquero de pura raza nace, precisamente, en la calle Alta o en la de la Mar. Su vida es tan escasa de interés como la de cualquier otro ser, hasta que sabe correr como una ardilla: entonces deja al materno hogar por el Muelle de las Naos, y el nombre de pila por el gráfico mote con que le confirman sus compañeros; mote que, fundado en algún hecho culminante de su vida, tiene que adoptar a puñetazos, si a lógicos argumentos se resisten.
Esto traía volado al raquero, que no sabía cómo deshacerse de él, pues ni regalarle quería, ni tirarle al mar, sin indemnizarse de los peligros que corrió al trincarle en la cámara de popa de un buque de gran porte.
Cafetera nació en la calle Alta, del legítimo matrimonio del tío Magano y de la tía Carpa, pescador el uno y sardinera la otra. Ya ustedes ven que, para raquero, no podía tener más blasonada ejecutoria.
Pensando estaba en lo que haría con el hallazgo, cuando topó con la misma gente que poco antes le había zurrado la badana: no hay necesidad de decir que el novel raquero, a la vista del enemigo, se preparó a virar en redondo; pero no le sirvió la maniobra.
Después de prometer a Cafetera la compra, como éste decía, del estrumento, mandóle que le siguiera para entregarle el dinero, lo cual hizo al punto lleno de júbilo el incauto raquero, sin sospechar lo que le había de suceder, cosa que le hubiera sido muy fácil al ser tan diestro conocedor de los atributos de un comisario de policía como de la verdasca de un cabo de mar.
El obstáculo que oponía a su compra el comerciante era, aunque no se lo decía el raquero, el nombre del buque y el de su armador, diestramente esculpidos en la parte más integrante del aparato; nombres que no podían borrarse sin exponer la estructura de éste, ni darse al público sin grave riesgo de los haberes y libertad del mercader.
Mucha gente había pasado sin contestar al «¿quiere un bote?» con que el raquero interpelaba a todo el mundo, cuando apareció en escena un señor que, según dijo el pillastre, traía cara de flete .
Cafetera lo tragó con ansiedad, y retirando de sus labios la colilla, se fue detrás del puro. -¿Me da la punta usté? Chocó al interrogado la desvergüenza del raquero. Miróle muy detenidamente, y -¿Quién eres tú, chicuelo?
-¿En dónde lo trincasteis? -insistió el señor con más interés que nunca, dando dos cuartos al raquero. -Pos en esa freata que están aforrando en el paredón -contestó Cafetera con la mayor sencillez, guardándose los cuartos en el faldón de la camisa y escupiendo por el colmillo.