ramada


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ramada

1. s. f. BOTÁNICA Ramaje, conjunto de ramas de las plantas, con o sin hojas.
2. Chile Puesto de feria que está construido con este material.

ramada

 
f. Ramaje.
Enramada.

ramada

(ra'maða)
sustantivo femenino
1. conjunto de ramas de árbol entrelazadas la espesa ramada de un bosque
2. adorno hecho con ramas de árbol Una ramada adornaba cada mesa del banquete.
3. cobertizo hecho con ramas de árbol Los jinetes armaron una ramada para guarecerse de la lluvia.
Sinónimos

ramada

sustantivo femenino
Traducciones

ramada

SF
1. (= ramaje) → branches pl
2. (LAm) (= cobertizo) shelter or covering made of branches
Ejemplos ?
El Valle de Sogamoso está cincundado por tres sectores de ladera que ocupan 7.707 hectáreas, equivalentes al 38% del territorio municipal: Morcá. Incorpora las veredas de Morcá, Ramada, Chiquita, Ramada Grande, San José del porvenir, Bata y Alto de Peñitas.
Sus polleras chingudas, la bata escandalosa, los zapatos de tacos torcidos en fuerza de sacarle el cuerpo a los terrones. —Se ha parao en la ramada...
Todo el día lo pasábamos corriendo de firme detrás de las yeguas, y al oscurecer, después de la comida, se armó en la ramada una de cantos y palmoteos que alarmó hasta las lechuzas de la montaña.
Los sones del arpa y la guitarra y las roncas y cansadas voces de las cantoras resonaban en el silencio de la noche, despertando lejanos ecos en lo hondo de las quebradas. El sitio de la fiesta había cambiado de ubicación, trasladándose la concurrencia a la ramada construida detrás del edificio.
CENTURIÓN Mas antes de rilatar acomodaré a mi obero, que por él salvé este cuero, que quisieron ojalar. BALIENTE Metaló aquí en la ramada y tomando un cimarrón me contará la aflisión de esa su alma atribulada.
Me dormí, y un redepente Cuasi me tapó la olada; Enderecé a la ramada, Y cuando alcancé a montarlo, Ya a mi overito po'el marlo Le daba la marejada.
Para completar la victoria deshaciendo a los enemigos que van huyendo en completa dispersión he mandado, dos destacamentos de ciento cincuenta hombres cada uno bajo las órdenes de los capitanes don Francisco González de la Peña y don José Fernando de Hontaneda, a quienes se ha dado la instrucción que a la letra es como sigue: Derrotados los enemigos por la gloriosa victoria que consiguieron ayer los amos del Rey que están a mi cargo sin municiones para un solo obús aunque se hallan, y desmontado el único cañón que tienen se han retirado con dirección a Suipacha tomando el camino de la Ramada...
De la Ramada para las Embarcaciones.- En este Cabildo propuso el dicho Procurador General, que convendría hacer un taller para que en la orilla del río se desembarquen todos los géneros que entran y salen, que servirá de mucho alivio al Comercio, y que por ahora se haga aunque sea de paja y bijao, y que Sus Señorías acordaron y dijeron que se haga como lo representa el Procurador General y se comete al Capitán Blas García de la Peña para que la disponga y determine con su buen juicio como más convenga, y que por ahora haga por ahora una ramada, que todo el costo que hiciere en uno y otro se le pasará en cuenta con su simple juramento.
Bajo una gran ramada tenían establecidos sus reales el chogñi López, que era a la sazón el chichero de mayor fama en diez leguas a la redonda, como que diz que elaboraba la chicha más buscapleitos que se ha conocido en los arrabales de Santa Marta y San Lázaro, desde los tiempos de Pedro Anzures de Camporredondo, el fundador de Arequipa, hasta los del general D.
También era más fácil encontrar verdadera hospitalidad en el simple rancho de algún hacendado pobre que en las mismas casas de negocio, que siempre tienen el recelo de ser una presa tentadora para los aventureros, y que por esto se contentan con edificar a cierta distancia de la casa, y cerco afuera, una ramada sin puerta, donde el viajero nocturno encuentra lo necesario para cebar mate, -si es que trae yerba,- y...
La última frase pronunciada con acento iracundo y la acción imprevista que la acompañó, hicieron dar un salto en su silla a los circunstantes, pero, paralizados por la sorpresa que les produjo la terrible escena, no dieron un paso para detener al Abajino, quien, llevando a la diestra el puñal tinto en sangre, abandonó con altivo y fiero continente la ramada.
El maderero aguzó el oído y escuadriñó todos los rincones del cuarto. Por la puerta entreabierta que daba al patio se oía el ruido de las voces de los que estaban en la ramada.