Ejemplos ?
El lector es invitado a comprender este mundo y sus personajes de refilón, como si los viera por el rabillo del ojo, ya que la ficción sigue su ciclo imparable, y no se molesta en justificarse».
También aseguraban ver caras fantasmales por el rabillo del ojo recorriendo la pantalla del juego a una velocidad casi imperceptible, así como mensajes que incitaban al suicidio o al conformismo, tales como "Kill Yourself" (mátate), "No Imagination" (sin imaginación) "No Thought" (no pienses), "Conform" (confórmate), "Honor apathy" (honra la apatía), "Do not question authority" (no cuestiones a la autoridad) o "Surrender" (ríndete) entre otros.
Quizá sea la verdá lo que tú dices. -Vaya si es verdá. ¿Y dices tú que el Ecijano te mira con el rabillo del ojo? -¡Vaya!, lo que te digo.
Mire usted con el rabillo del ojo y con mucho tiento, a tres varas delante de nosotros, en el hueco de esas dos peñas manchadas de verdín...
En cuanto Lobo entraba en la casa, toda su pelambre caía laciamente por los costados, metía el rabo entre las piernas, se deslizaba como si fuera culpable de algún terrible crimen y con el rabillo del ojo vigilaba a la señora Van Winkle; a la menor indicación de una escoba salía disparado hacia la puerta, aullando lastimeramente.
Pero yo, señor, que conocía ciertas costumbres, miré con el rabillo del ojo lo que el ayudante escribía a distancia de nosotros y noté que señalaba con cruces algunos nombres, entre ellos el mío.
y yo alelado pemanecía rígido, caído en el fondo de una angustia que se iba solidificando en conformidad. Y a momentos lo espiaba con el rabillo del ojo.
Ella volvió la cabeza, y mirándome astuta con el rabillo del ojo, me dijo: -Oye tú, escolar, dulce y amargo gusto tomas: pues guárdate, que con mucho sabor de la miel, no ganes continua amargura de hiel.
Notó que en un grupo que rodeaba al ilustre jefe de la minoría se celebraban con grandes carcajadas chistes que el señor del epigrama decía en voz baja... Y a él, a Mariano Arqueta, le miraban los del grupo con el rabillo del ojo.
Muchas de ellas empezaban así: «Cuando te cases...» Siempre que cruzaba con ellos alguna muchacha hermosa, o siquiera linda, su madre miraba a Augusto con el rabillo del ojo.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada.
Por un momento Hipólita tuvo miedo. Erdosain no hacía nada más que observarla con el rabillo del ojo, mientras que se restregaba las manos.