Ejemplos ?
El brillo de la fe, de la ilusión y del amor por temporada extiende sus trémulos fulgores a los ojos de cada uno de los seres que ríen...
duerme., mientras muchos cantan... mientras tantos ríen... La tenue luz de un farol proyecta desoladoramente la silueta del chiquillo en el asfalto...
Es alegría de verme desempeñando estos oficios, tan dignos de un viejo guerrillero. ¡Ay!... Cómo se ríen mis diez y siete cicatrices... —¡Las tiene usted bien contadas!
Los últimos fulgores de luz natural principian a ser opacados por las primeras luces mercuriales. Sombras que ríen de dolor se miran en tránsito sin fin y sus murmullos trascienden más alias...
Mis oídos zumban, una terrible sed me devora, tengo fiebre, mi cabeza estalla De la parte de afuera llega el alegre ruido de unos chiquillos que pasan traveseando. Ríen, y sus risas, ingenuas y graciosas, rompen por un instante la tristeza ambiente, suscitando una sensación de frescura como la que experimenta el espíritu abatido a los gorjeos de las aves.
Hay mujeres, bien se sabe, que después se quedan tan frescas; nada, como si tal cosa. Ríen, se divierten, oyen requiebros, se enredan en nuevos amoríos, se emperifollan, se casan, engañan o no engañan al que las elige, le ocultan lo pasado, a veces hasta se lo cuentan con cinismo impávido...
Los extranjeros, entre los cuales ponemos en primera línea a los chinos, se ríen de todo lo que pasa y aprovechan las faltas y defectos de gobernados y gobernantes para utilizarlos.
Pero estas risas no duran demasiado. Obsérvalos y verás que dentro de un momento muy corto, ríen estrepitosamente y rabian desesperadamente.
¡Así gorjean sus chicuelos! ¡Así ríen! Y sin apartar la vista de las mil piezas que se mueven a su frente, piensa, piensa, ¡piensa…!
Se ríen de los derechos políticos, de las elevadas doctrinas, de los grandes ideales, befan a los líricos, a los retardatarios que vienen con sus disidencias de opinión a entorpecer el progreso del país.
Cree hallar en esto un argumento efectista de peso, capaz de hacer desfallecer de desesperanza y miedo a los trabajadores, ¿para qué hacer huelgas si los amos sólo se ríen de nuestra negativa a trabajar, puesto que nosotros somos los únicos perjudicados?
Los amos tienen almacenes con todo lo necesario para vivir largo tiempo, hasta que los esclavos diezmados por el hambre vuelvan a reanudar sus tareas para llevar a los almacenes lo que sus amos han consumido durante el paro; los amos tienen automóviles para ir a donde les plazca y dejar a sus siervos desobedientes con un palmo de narices en la disyuntiva de reventar de hambre en pocas horas o de reventar de fatiga en algunos días; los amos se ríen de las huelgas porque el mayor daño que pueden recibir es paralizar el aumento de sus riquezas por un cierto tiempo, para resarcirse con creces al volver sus explotados arrepentidos y escarmentados; los amos son invulnerables a la miserable arma de la huelga.