Ejemplos ?
Al ver la sardinera que por aquel día no había modo de reñir con nadie desde el balcón, encerróse también en su caverna; sacó de un escondrijo una botella de aguardiente, bebióse cerca de la mitad; y cuando los vapores de aquel veneno comenzaron a adormecerla, acercóse balbuciente y con paso mal seguro a la sucia y fementida cama, y en ella se desplomó, revolcándose allí como cerdo en su pocilga. Cambié de observatorio, por razones que no le importan un rábano al lector, y durante tres años nada supe de estos personajes.
Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad: - Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.
El príapo, la porra, y el chorizo :El rábano, la pija, y el badajo; :Picha y ciruela en Español castizo :Son sinónimos todos del Carajo.
Y en medio de las tres, Juanito, incensado como un ídolo blanco de tantas flechas, sonreía, tratando de repartirse equitativamente y no dejar descontenta a ninguna de las tres; lo cual, si ellas hubiesen tenido advertencia, bastaría para demostrarles que de ninguna le importaba, en realidad, un rábano...
Pero a él se le daba un rábano de que lo llamasen cristiano nuevo, y dejando que sus émulos esgrimiesen la lengua, cuidaba sólo de engordar la hucha y de captarse el afecto de los naturales.
Estarán ustedes cansados de leer en la grave prensa periódica de España párrafos como el siguiente: «Magnífica estuvo, como todas las anteriores, la recepción que tuvo lugar anoche en los espléndidos salones de la encantadora marquesa del Rábano o de la Coliflor, viéndose aquéllos poblados de cuanto más bello, elegante y distinguido encierra la buena sociedad de...».
¿Estaré confundiendo el amor con el desenfreno? ¿Estaré tomando el rábano, por las hojas y los celos por los temores? ¿No será Cervantes el equivocado al querer ponerle puertas al campo del amor?
Este mismo cronista es quien refiere que en 1556 nació en Azapa, jurisdicción de Arica, un rábano tan portentoso que bajo sus ramas tomaban sombra cinco caballos.
Añade que para agasajar al hijo del virrey marqués de Cañete, le presentaron en el almuerzo el rábano colosal, que fue muy sabroso de comer y alcanzó para dejar ahítos a los comensales y servidumbre.
porque, aunque a ustedes no les importe un rábano la noticia, han de saber que yo no tengo ayuda de cámara, ni gasto bata forrada ni sin forrar, ni pantuflas morunas, ni gorro persa; ni en mi cuarto de dormir hay pesados cortinajes, ni alfombra espesa, ni vegueros a granel; ni allí han entrado jamás damas misteriosas, ni vizcondes elegantes, ni bandidos de ninguna clase, ni matachines, ni maridos agraviados...
Y esto lo dice el periodista porque presume, o sabe, o quiere hacer creer que concurrieron a los salones espléndidos de la encantadora marquesa del Rábano o de la Colifor, la seductora baronesa de la Ortiga, la adorable condesa del Pámpano, las hechiceras señoritas de Azafrán, la interesante viuda de Mogol, el opulento banquero Potosí, el ilustre diplomático vizconde del Tornasol, el mimado poeta Aljófar, el lisonjero folletinista que lo cuenta, Jarabe, y el artista sublime más en boga en el regio coliseo, si de Madrid se trata.
Entonces se alarga extendiendo hacia el sol, primero tímidamente, una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar que crezca como quiera.