quiteño

quiteño, a

1. adj./ s. De Quito, capital del Ecuador.
2. s. Persona natural de esta ciudad.

quiteño, -ña

 
adj.-s. De Quito.
Traducciones

quiteño

/a
A. ADJof o from Quito
B. SM/Fnative o inhabitant of Quito
los quiteñosthe people of Quito
Ejemplos ?
Tiempo ese último que el quiteño Rocafuerte añoraba en 1844, diciendo estas palabras que – avergoncémonos – todavía siguen teniendo emoción de nostalgias… “En aquella feliz época todos los americanos nos tratábamos con la mayor fraternidad, todos eran amigos, personas y aliados en la causa común de la Independencia; no existían esas diferencias de peruanos, chilenos, bolivianos, ecuatorianos, granadinos, etc., que tanto han contribuido a debilitar la fuerza de mutuas simpatías…” La Universidad de Charcas, de fama continental y por cierto que bien ganada, atrajo durante el régimen de España a los primeros orientales que, según mi noticia, fueron hasta Bolivia.
No se halla en sus detalles el estilo quiteño en toda su extensión; pero el conjunto revela bien que el artista fue arrastrado en mucho por el sentimiento nacional.
Con calva, gallo y sin manto, un San Pedro se adelanta y, por más que el gallo canta, no quiere llorar el Santo; pero le provoca llanto de sus llaves la reyerta, pues cuenta por cosa cierta que, estando el Santo con sueño, hurtóselas un quiteño para falsear una puerta.
Va también tal cual rapaz vestido de ángel andante, con su cara por delante y máscara por detrás; con tan donoso disfraz echan unas trazas raras, dándonos señales claras que, en el quiteño vaivén, aun los ángeles también son figuras de dos caras.
Olmedo ha demostrado ser capaz de armonizar la visión de largo plazo del poeta y el estadista, con la sagacidad coyuntural del parlamentario de minorías, habilidad que adquirió cuando fue diputado en las Cortes de Cádiz, haciendo dupla imbatible con el quiteño Mejía Lequerica, desdichadamente fallecido hace unos años (ver fecha de octubre 27 de 1813).
Todavía me represento aquel sitio como era entonces..., veo el alto romero siempre florido, el tomate quiteño, el ciruelo y el retamo, a cuyo pie crecían en alegre desorden, en medio de las piedras arrancadas para darles holgura, algunas plantas de malvarrosa, muchos rosales llamados de la alameda, de Jericó, etc.; a la sombra de estos se extendía mullida alfombra de manzanilla, trinitarias matizadas y olorosas (los pensamientos que reemplazan ahora las trinitarias no tienen perfume), y un fresal entre cuyas hojas me admiraba de encontrar siempre alguna frutilla.
No lo arrollador de las fuerzas, que casi no cuentan con más arma que el entusiasmo, la popularidad del movimiento decide el triunfo de los patriotas. En la justipreciación de los que merecen mayor encomio por conseguir tal resultado, destácase un quiteño y un cuencano: el Dr.
Gonzalo, según dice el erudito quiteño Villarroel, que fue obispo de Arequipa y de Santiago de Chile, en su curioso libro Los dos cuchillos, impreso en 1657, tenía muchas ayudas de costas para errar en la cuestión del dosel: «ser muy rico, muy engreído, muy reciente prelado y no disimular sus puntas de colérico».
Sobre una cómoda de cedro charolado y bajo urna de cristal veíase el pesebre de Belén con su San José, el de las azucenas, la Virgen y el Niño, el buey, la estrella y demás accesorios, artístico trabajo de afamado escultor quiteño.
Los tres primeros, españoles, están en mayoría porque se disponga de los caudales públicos para equipar la tropa que salga por los fueros del Monarca; los dos restantes, cubano benemérito el uno y quiteño el otro, opónese a tal medida, principalmente Calderón, que con firme insistencia rehúsa acceder a lo mandado; altivo proceder que pronto espía con el confiscamiento de sus bienes, con el exilio y finalmente con la muerte que lo unge de gloria en 1812.
A las seis y media le llevaban el chocolate a la cama, y después de tomarlo se ponía su saya de lana y su mantilla de paño y sombrero de huevo frito, y llevando muchas camándulas y libros de devoción se encaminaba a la Vera Cruz, la Tercera y San Francisco (rara vez pasaba el puente), y acompañada por Cruz con un gran tapete quiteño debajo del brazo, oía muchas misas.
-Aguárdese un momento -contestó mi tía-, voy a traerle el retrato que mandé hacer para usted por un pintor quiteño que por casualidad estuvo aquí ahora días.