quitarse el sombrero

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quitarse el sombrero

scappellare
Ejemplos ?
¿Les parece a ustedes que su delito era poca garambaina? «¡Cómo! ¿Así no más se pasa un mozalbete por la calle, muy cuellierguido y sin quitarse el sombrero ante la autoridad? ¡Qué!
Esta forma de actuar se mostraba asimismo en sus apariciones ante los tribunales: cuando un juez le instaba a quitarse el sombrero, Fox respondía preguntando en qué lugar de la Biblia se encontraba tal normativa.
Du Maisniel de Balleval, un juez local que estaba enemistado con La Barre, aprovechó la ocasión para afirmar que había visto a François Jean Lefebvre y a dos amigos, Gaillard d'Etallonde y Moisnel, no quitarse el sombrero, y tampoco hacer una genuflexión, al pasar un procesión frente a ellos en 1765, cantar canciones impías y ejecutar otros actos considerados sacrílegos.
-exclamó. Y volvió a quitarse el sombrero y a santiguarse. Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la orilla de un pequeño torrente.
Otro escritor, pintando la arrogancia de Bolívar y su propensión a humillar a los que lo rodeaban, dice que una noche entró el Libertador, acompañado de Monteagudo, en un salón de baile, y que, al quitarse el sombrero, lo pasó para que éste se lo recibiera.
Cuando estuvieron solos en la sala, Eugenia, sin quitarse el sombrero, con el traje de calle con que había entrado, le dijo: –Bien, sepamos qué es lo que tenía que decirme.
Si usted entra a un juzgado o a una comisaría hablando fuerte y sin quitarse el sombrero, todos le atenderán cortésmente, temeroso de que usted sea algún bandido que actúa en la política.
Iba muy derecho, preciándose de espetado, escaso de ojos y avariento de miraduras, ahorrando cortesías con todos, sumida la cara en un cuello abierto hacia arriba que parecía vela en papel, y tan olvidado de sus conjunturas que no sabía por dónde volverse a hacer una cortesía ni levantar el brazo a quitarse el sombrero, el cual parecía miembro según estaba fijo y firme.
Y ¿quién le ha dicho a usted que yo rezaba? -¡Toma! maraco ¡Yo, que le he visto a usted quitarse el sombrero y santiguarse! -Pues, ¡qué demonio!, hombre...
El viejo permaneció sin quitarse el sombrero, y mirando a Barandalla con aire despreciativo, dijo a los del grupo: -A muerto me huele el godo.- Y aludiendo a la, intimidad que parecía existir entre el cura Segovia y el jefe español, añadió: -Abad y ballestero, mal para los moros.
La idea de volver a ver los lugares donde había pasado su juventud le exaltaba sin duda, pues no paró de charlar en todo el viaje; luego, apenas llegaron, saltó con presteza del coche para ir en busca de León; y por más que el pasante se resistió, el señor Homais se lo llevó al gran café de «Normandie», donde entró majestuosamente sin quitarse el sombrero, creyendo que era muy provinciano descubrirse en un lugar público.
Pasó mucho tiempo antes de que se decidiera a hablarle de otro modo que con la cabeza descubierta, y aun después, cuando el doctor se había hecho muy amigo suyo y paseaban juntos por el patio, por el lado que los chicos llamábamos el «paseo del doctor», míster Dick no podía por menos que quitarse el sombrero de vez en cuando, para demostrar su respeto por tanta sabiduría.