quinqué

(redireccionado de quinqués)

quinqué

(Del fr. quinquet.)
s. m. Lámpara de mesa alimentada con aceite o petróleo y provista de un tubo de cristal que protege la llama.

quinqué

 
m. Especie de lámpara de petróleo con tubo de cristal, y gralte. con bomba o pantalla.
Traducciones

quinqué

SM
1. (para iluminar) → oil lamp
2. (= astucia) → know-how, shrewdness
tener mucho quinquéto know what's what, know what the score is
Ejemplos ?
En estos eventos al caer la noche la iluminación consistía en poner montones de candiles de aceite y quinqués de gas colgados con púas en la fachada.
El aceite o mantequilla del sal, que contiene ácido esteárico y ácido oleico, sirve para elaborar cosméticos y jabones. También se usa como combustible en lámparas o quinqués.
Para evitar la humedad, estos locales estaban forrados de madera y muy bien ventilados, y para mayor seguridad, iluminados desde los pasillos mediante quinqués a través de tímpanos acristalados.
Las calles, si asfaltar ni empedrar y sin luz eléctrica, maltrechas por las herraduras de los mulos y las ruedas de hierro de los carros, eran polvorientas en tiempo seco y lodosas con las lluvias. En las casas la oscuridad se combatía con candiles y quinqués hasta que llegó la luz eléctrica.
Cuando Tessmann se internó en la isla de Bioko, habían sucedido ya la muerte del rey bubi Esáasi Eweera (1904), la rebelión y muerte del Bötúkku Lubá (1910), la entronización de Malabo Löpèlo Mëlaka como jefe supremo de los bubis y se estaba consiguiendo la denominada “pacificación” de Guinea, con una asimilación creciente en la costa y una profunda penetración de objetos –el aguardiente, las armas de fuego, los quinqués– y costumbres occidentales.
Supermercados Disco Techint (Argentina). Siderar (Argentina). Estancias Los Chorrillos y Los Quinqués (Argentina). Supermercados Santa Isabel (en Chile y Perú).
Siete arañas faroles de cristal y numerosos quinqués de candilejas de aceite y velas alumbraban el interior del teatro produciendo una luz insuficiente, lamentada ya a los pocos días de la inauguración.
Pues bien, es un lugar en donde el ruido que la apiñada multitud excita, el calor del ambiente enardecido, que los quinqués opacos debilita, y la inquietud con que entre aquel tupido velo de humo el público se agita, la fiebre en los cerebros introduce Y el mareo del vértigo produce.
El sudor corría por todas las frentes; y un vapor blanco, como la neblina de un río en una mañana de otoño, flotaba por encima de la mesa, entre los quinqués colgados.
"Era cosa superior a nuestro entendimiento -escribe Don Federico Pohls- los trabajos en las calles progresaban a la par que nuestra impaciencia (...) alambres y más alambres en las paredes, bajando al final del centro del cielo raso del zaguán, la sala, el comedor, un hilo del que pendía un bombillo de vidrio con filamento negro, que, según decían, daría más luz que nuestros grandes quinqués y candiles de petroleo.
Cuando pintaba en la calle la gente se paraba y hacía comentarios como «¡Qué bien está pintado ese farol!». (Me hice una reputación de pintor de quinqués).
Nos veríamos en la necesidad de iluminar nuestras casas con quinqués y las calles con farolas de queroseno, tal y como se hacía hace más de cien años.