quijada

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quijada

(Del ant. quexada < lat. vulgar capseum < lat. capsa, caja.)
s. f. ZOOLOGÍA Nombre que recibe cada una de las mandíbulas que se encuentran en el interior de la boca de los animales vertebrados que son duras, formadas por hueso y dientes. maxilar, quijal

quijada

 
f. zool. Cada uno de los dos huesos de la cabeza del animal en que están encajados los dientes y muelas.

quijada

(ki'xaða)
sustantivo femenino
mandíbula de los vertebrados Recibió un golpe en la quijada que lo tumbó en el suelo.
Sinónimos

quijada

sustantivo femenino
carrillera, mandíbula.
Carrillera se utiliza hablando de la que tienen algunos animales.
Traducciones

quijada

mâchoire

quijada

jowl

quijada

Kiefer

quijada

الفك

quijada

szczęki

quijada

челюст

quijada

下巴

quijada

下巴

quijada

čelist

quijada

kæbe

quijada

הלסת

quijada

quijada

SFjaw, jawbone

quijada

f. jaw, osseous structure of the mouth.

quijada

f mandible, lower jaw, jaw, jawbone
Ejemplos ?
Aquella le cocía y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo: “Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo.
La frente ancha coronada de níveos cabellos lacios, los ojos oscuros y hundidos que parecen sondear nuestra alma, se tornan tiernos por momentos, lanzan miradas rápidas a los lados, se muestran ya terribles y amenazadores, ya amables, confiados o picarescos; la nariz recta y ancha con ventanillas que se dilatan o se contraen a cada nueva emoción, fuertes quijadas que se desprenden de unas orejas grandes...
Sumaban ya seis mil pesos los entregados por fray Venancio, cuando una noche se sintió éste acometido de un violento cólico miserere, enfermedad muy frecuente en esos siglos, y al acudir fray Antolín encontró a su alter ego con las quijadas trabadas y en la agonía.
Asimismo tenía allí delante de sí muchos miembros y pedazos de cuerpos muertos, así como narices, dedos y clavos con carne de hombres muertos en el patíbulo. También tenía sangre de muertos a hierro, huesos de cabeza y quijadas sin dientes de bestias fieras.
Peleaba a gran distancia con desconocidas armas, y montado en un caballo de Apulia, el cazador Ornito: cubría sus anchos hombros una piel de toro, y su cabeza las enormes fauces abiertas de un lobo, con las quijadas guarnecidas de blancos dientes; un agreste venablo arma su diestra: revuélvese en medio de la muchedumbre, y su cabeza entera sobresale por encima de todos.
"No esquivarás tú así el golpe que te va a asestar mi pujante diestra; brazo muy distinto al tuyo es el que te descarga este tajo." Dice, y empinándose y levantando en alto la espada, le parte por mitad la frente entre las dos sienes, dividiéndole las quijadas, aun lampiñas, de una espantosa cuchillada.
Aventino, a pie, ceñido de la piel de un enorme león, erizada de espantosas vedijas y cubierta la cabeza con las quijadas de la fiera, en que todavía brillan sus blancos dientes, se encamina al real alcázar, horrible con aquellos arreos, a la usanza de los de su padre Hércules.
No fueron en cocinas mis hazañas, sino en galeras, naves y campañas; no con Garraf, tu paje: con gatos moros, las mejores lanzas; que yo maté en Granada a Tragapanzas, gatazo abencerraje, y cuerpo a cuerpo en Córdoba a Murcifo, gato que fue del regidor Rengifo, y de dos uñaradas deshice a Golosillo las quijadas, por gusto de una miza, mi respeto, y le quité una oreja a Boquifleto, gato de un albañil de Salobreña; la cola en Fuentidueña quité de un estirón a Lameplatos, mesonero de gatos, sin otras cuchilladas que he tenido, y la que di a Garrido, que del Corral de los Naranjos era, por la espada primera, único gaticida.
Nosotros, ¡oh noble hijo del dios marino!, te suplicamos y te decimos abiertamente que no sufras a los huéspedes que han llegado a tu cueva matar y servir de impío alimento a tus quijadas, nosotros que, ¡oh rey!, a tu padre sedes de templos hemos respetado en los repliegues de la tierra de Grecia.
Déjense de daca el gallo toma el gallo, porque se quedarán con las plumas en la mano, y todo será como el desquite de Perentejo, que perdió un ducado y ganó un conejo, o resultar con el ajuar de la ventera, tres estacas y una estera. Hijas, el que pleitea no logra canas ni quijadas sanas.
No habiendo parecido entenderlo el Año expirante, el médico separó las quijadas que se entrechocaban, y puso la cuchara llena entre los resecos labios.
La nariz, de rectitud casi griega, acentuaba con su línea segura la firmeza del rostro esculpido con enérgica enjutez. Quijadas y pómulos, en ajustado remache, perfilábanse bajo la fluida tranquilidad de la barba.