quicio


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quicio

1. s. m. CARPINTERÍA Parte de las puertas o ventanas donde están las bisagras o goznes. jamba
2. Rincón formado por la puerta y la pared, en la parte por donde gira la puerta.
3. fuera de quicio loc. adv. Fuera del orden regular.
4. sacar de quicio a una persona Ponerla muy nerviosa.
5. sacar de quicio una cosa Sacarla de su estado natural.

quicio

 
m. Parte de las puertas y ventanas en que entra el espigón del quicial.
Fuera de quicio. loc. adv. fig.Fuera del orden o estado regular.
Sacar de quicio. Exasperar.
Sinónimos

quicio


sacar de quicio locución 1 (una persona) sacar de sus casillas (col.). 2 (una cosa) exagerar*, desorbitar, exorbitar.
Traducciones

quicio

hinge

quicio

ganghero

quicio

SMdoorjamb
estar fuera de quicioto be out of joint
sacar a algn de quicioto drive sb up the wall, get on sb's nerves
estas cosas me sacan de quiciothese things make me see red o drive me mad
Ejemplos ?
¡Oh, Polonia compendiosa! Unta, señor, este quicio; que es sobre quien ha de andar todo nuestro laberinto. Ésta es Polonia, la esclava.
Cargaba con los enormes cubos, y agobiado bajo su peso subía la interminable escalera, pensando en el tiempo feliz en que tenía por casa toda la ciudad, durmiendo en verano sobre los cuévanos del Mercado y apelotonándose en invierno en el quicio del respiradero de alguna cuadra.
Sentían un bienestar inefable, en presencia de las cosas nuevas y desconocidas que se les revelaban: las casas blanqueadas, con sus enrejadas ventanas y sus tejados rojos: la charla de dos mujeres,que movían las manos alegando o escarbaban en el suelo con la punta del pie completamente absorbidas: un viejecito encorvado,calentándose al sol, sentado en el quicio de una puerta, junto a un gran perrazo blanco que abría la boca, tratando de cazar moscas… Los dos seres palpitaban de jubilosa curiosidad, como fascinados por el espectáculo de la vida de pueblo, que nunca habían visto.
Abriose la puerta y apareció en el quicio, con un candil en la mano que alumbraba su rostro, una vieja tan decrépita y tan horrenda, que el pobre niño dio, horrorizado, tres pasos atrás.
Luego vienen unos grupos a pedirle justicia, porque dicen que allá en sus tierras los roban, los hostilizan y los matan sus lugartenientes, y que allí no hay ni sombra de libertad, ni de derecho, ni de nada; y el que hablaba por el grupo dijo entre otras cosas muy entretenidas, que allá tenían constitución y autonomía, e independencia para gobernar a sí mismos, pero desde hacía muchas décadas un solo hombre, una sola familia se lo gozaba todo y se lo tenían todo para sí, y por tanto venían a pedirle, como sumo imperante, que volviese todo aquello a su quicio.
Tenían los amigos de Loaysa cuidado de venir de noche a escuchar por entre las puertas de la calle, y ver si su amigo les decía algo, o si había menester alguna cosa; y, haciendo una señal que dejaron concertada, conoció Loaysa que estaban a la puerta, y por el agujero del quicio les dio breve cuenta del buen término en que estaba su negocio, pidiéndoles encarecidamente buscasen alguna cosa que provocase a sueño, para dárselo a Carrizales; que él había oído decir que había unos polvos para este efeto.
Dejé colgar las piernas y venga balancearlas, y el mastín no podía alcanzarlas, aunque saltaba con todas sus fuerzas. Aquello lo sacaba de quicio, y venga ladrar y más ladrar, y yo venga balancearme; se armó un ruido infernal.
¡Camará!, como que se resguardó tras el quicio de la puerta y encomenzó a soltar zambombazos, y gracias a un divé que en toíto lo que yo llevo ya andao no he visto yo gachó con más mala puntería.
Podría sacarlo de quicio una opinión como ésta sobre su personalidad, pero solo para lamentarse de que la distancia le impida mandarnos degollar por el negro Conceição, su sargento de órdenes y ejecutor de excepcionales comisiones, algo así como el facón de gala de su nutrida armería.
El Chiquito, cuando hubo pirdío jasta la úrtima torda, se puso a jechá el hombre un cigarro mirando al Niño con las e Caín, y cuando ya toíto er mundo creía que diba a dirse del tenderete y ya estaba bajo el quicio e la puerta, se güerve de pronto el chaval pa el del Altozano y le dice: -Quéese usté con Dios, so malino.
-exclamó lleno de asombro, al ver a éste, pálido, desencajado, con el hirsuto cabello sobre la frente y en los ojos la expresión de un dolor infinito, sin fondo, sin fronteras; a Joseíto, que flaco, amarillento, habíase tenido que apoyarse un punto contra el quicio de la puerta...
-Pues ansí es -dijo el virote-, yo os daré por entre estas puertas, haciendo vos lugar quitando alguna tierra del quicio; digo que os daré unas tenazas y un martillo, con que podáis de noche quitar los clavos de la cerradura de loba con mucha facilidad, y con la misma volveremos a poner la chapa, de modo que no se eche de ver que ha sido desclavada; y, estando yo dentro, encerrado con vos en vuestro pajar, o adonde dormís, me daré tal priesa a lo que tengo de hacer, que vos veáis aun más de lo que os he dicho, con aprovechamiento de mi persona y aumento de vuestra suficiencia.