Ejemplos ?
Y para esto, para que las ideas sean impetuosamente servidas, es menester que sean antes plenamente queridas, sin reservas, sin excepticismo, que hinchen totalmente el volumen de los corazones.
Y Alicia oyó que murmuraba: - ¡La Duquesa! ¡La Duquesa! ¡Oh, mis queridas patitas! ¡Oh, mi piel y mis bigotes! ¡Me hará ejecutar, tan seguro como que los grillos son grillos !
«¿De qué me sirve -dijo- esta opulencia, Estos montones escondidos de oro, Si en la oscura y pobrísima Palencia No me sirve de nada mi tesoro? ¿He de gastar en mantas mis doblones, O he de hacer de continuo a mis queridas Regalos de peludos bayetones?
Del fondo del antiguo cofre que guarda las históricas y queridas reliquias, se ha sacado una: manos bellas y delicadas van a ceñiría al bizarro busto del guerrillero: la blusa roja, terror de los galones, dice a los pretorianos: ¡PASO!
Bueno yo me veo obligado por las circunstancias, ustedes saben mis queridas amigas, mis queridos amigos venezolanas y venezolanos todos, que no es mi estilo un sábado por la noche y menos a esta hora, nueve y media de la noche ¿te acuerdas de aquella película Diosdado?
¡Ya estáis aquí junto de mi alma!... ¡Venid a mí, amigas mías, queridas lágrimas! En este pequeño poema la íntima característica de su poesía queda manifestada: recogimiento interior, sencillez de expresión, claridad en el lenguaje figurado y un vaivén entre el Romanticismo y el Modernismo.
Señor Presidente, señoras diputadas y señores diputados; queridas y queridos costarricenses: Sé que he cometido errores en estos dos primeros años de mi administración y he agradecido la crítica franca y constructiva que me permite enmendarlos.
La Caja es una de las instituciones más queridas de las y los costarricenses y una de las conquistas sociales más significativas de nuestro país.
Sus versos revelan ternura, resignación y discreta melancolía, pues aún en el los más breves, como en Fieles Amigas, cuando dice: ¡Ya estáis aquí junto de mi alma!... ¡Venid a mí, amigas mías, queridas lágrimas!
Unos buscábamos a nuestros seres queridos, que descansaban entre los fríos pabellones rebosantes de ausencias, mientras algunos se preocupaban más por reconocer los cuerpos de los supuestos suicidas. Seres queridos contra pruebas queridas.
Reinaban como soberanas sobre la comarca, a la que colmaban de dones y de favores. Eran queridas, bendecidas y adoradas. Presidían los nacimientos y las alianzas conyugales, y todo se hacía bajo sus auspicios: jamás se recurría en vano a sus varitas mágicas.
En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.