Ejemplos ?
-¿Va todo bien, mi querido Traddles? -Todo va bien, mi queridísimo Copperfield, y sólo tengo buenas noticias que darle. Los dos llorábamos de placer.
ELECTRA ¡Oh queridísimo, que recibes de tu hermana el deseable y dulcísimo nombre de hermano, y que sólo un alma compones con ella!
utor: París, 14 de julio de 1923. Mi queridísimo hermanito Víctor: El Altísimo permita que mis letras les hallen llenos de bienestar, papacito y toda la familia.
RUDENCIA EPISCOPAL Conlómc mi queridísimo é inolvidable amigo Lavalle, i ara que hoy lo cuente yo á ustedes que, allá por los años de 1814, una monja del monasterio del Carmen se escapeó cierta no- che partí ir al teatro á gozar de la ópera italiana, representa- ción que por primera vez se efectuaba en Lima.
Aníbal Galindo, en su prc- cioso libro Batallas de la libertad compulsa, con hábil y severo criterio, los documentos y juicios históricos, haciendo resur- gir de los campos de Junín y de Ayacucho un nimbo de gloria para Sucre. También mi queridísimo Aníbal quedaría en mal predicamento como historiador concienzudo.
ISMENE Yo no hago cosas deshonrosas, pero obrar contra los ciudadanos es imposible. ANTÍGONA Tú puedes pretextar esto, pero yo iré a levantar un túmulo para mi queridísimo hermano.
Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber- puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo-de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.
“Oh gloria eximia, que por tus grandes virtudes te acreces, de Ematia protección, de Ops para el nacido queridísimo, escucha el que en esta alegre luz a ti te revelan las hermanas, 325 el verídico oráculo: pero vosotros, a quienes los hados siguen, corred guiando las hebras, corred, husos.
-Mi querido amigo -dijo Traddles mesándose los cabellos en su excitación, cosa completamente innecesaria-; mi queridísimo Copperfield, ¡cuánto tiempo que no lo había visto!
Señor doctor don Ignacio Gamio, director de gobierno. Queridísimo amigo: Há poco más de quince años que, con el título de «La tra- dición del Himno Nacional publiqué, no recuerdo en cuál periódico de Lima, una biografía del maestro Alcedo, falle- cido en 1879.
Que tu voz, queridísimo Emiliano, me mantenga seguro en mi porfía; y así el Creador, que con tan larga mano te regaló fecunda fantasía, te enriquezca, mostrándote el arcano de su eterna y espléndida armonía; tanto, que el hombre, en su placer o duelo, tu canto elija para hablar al cielo.
Pero, puesto que debemos morir, busquemos algún medio de perder á Menelao con nosotros. ORESTES ¡Oh queridísimo, ojalá muriera viéndolo!