quejo

quejo

s. m. Mandíbula o quijada de un animal.

quejo

 
m. Mandíbula, quijada.
(Extr.) Soga con que se ata la mandíbula de un animal.
Ejemplos ?
Al que muda con causa de consejo, no puede darse nombre de liviano. ANARDA. No me satisfagáis, que no me quejo. GARCIA. ¿Tiráis la piedra y escondéis la mano?
Pero dio en soplar un vientecillo del Nordeste apenas montamos el cabo Quejo, que nos echó sobre Llanes cuando pensábamos alcanzar a Portugalete.
Estoy dispuesta a ir con Annie a los teatros, a los conciertos, a las exposiciones, a todas partes; y ya verá usted cómo ni siquiera me quejo de cansancio.
--Por lo general, se distingue una por la cara --señaló Alicia pensativa. --De eso es precisamente de lo que me quejo --rezongó Humpty Dumpty.
Todo lo que pidiéredes, lo recibiréis de mí, que con voluntad lo doy. ¿Pues de qué me quejo? De que quisiera darlo por voluntaria ofrenda, más que por restitución.
Y asi paso la vida Viéndome á todas horas despreciada, Sin duelo castigada Mi belleza si existe y maldecida. Y dan por hijas de una mente loca Las sentidas razones de mi boca, Llamándome si mísera me quejo Atrevida mozuela sin consejo.
Cuidemos lo que hemos logrado en estos años, donde pequeños empresarios se convirtieron en medianos; donde medianos empresarios se convirtieron en grandes y donde los grandes se cansaron de ganar dinero y que está bien, no me quejo de los que ganan dinero; simplemente les pido la contribución sensata e inteligente, ni siquiera patriótica, sensata e inteligente de seguir colaborando con un modelo virtuoso de economía que ha producido pingües ganancias y que les permite hoy a muchos de ellos, inclusive y tenemos el orgullo, de que se conviertan en verdaderos ejemplos de empresas que trascienden las fronteras.
Óyeme con los ojos, Ya que están tan distantes los oídos, Y de ausentes enojos En ecos de mi pluma mis gemidos; Y ya que a ti no llega mi voz ruda, Óyeme sordo, pues me quejo muda.
Que responden en nuestro castellano: "Que el que tiene costumbre y gusto de engañar a otro no se debe quejar cuando es engañado." –Yo no me quejo –respondió el alférez– sino lastímome que el culpado no por conocer su culpa deja de sentir la pena del castigo.
¡Oh palabras fingidas, que tan de veras me obligastes a que con obras os respondiese! Pero, ¿de quién me quejo, cuitada? ¿Yo no soy la que quise engañarme?
Como me preguntas,te contesto, y no he terminado. Me quejo de que realmente eres un poco descastada con tu familia, y como es inútil quejarme a ti, quiero quejarme a tu marido.
Usted enrojecería de vergüenza aun ahora, si ella cambiase una palabra conmigo. No me quejo. No digo que seamos iguales; sé muy bien que hay una grande...