quejar

(redireccionado de quejé)

quejar

(Del lat. vulgar quassiare < lat. quassare, golpear violentamente.)
1. v. prnl. Expresar una persona un dolor físico o moral con palabras o gritos se quejaba mientras le quitaban los puntos. clamar, gemir, lamentar
2. Expresar disgusto, descontento o disconformidad con una persona o una cosa se queja de los vecinos; me quejo porque es injusto. protestar
3. DERECHO Presentar una querella contra una persona el abogado se quejó contra el acusado. querellarse
4. v. tr. Causar un sufrimiento o una enfermedad dolor a una persona. aquejar

quejar

 
tr. Aquejar.
prnl. Expresar con palabras o gritos el dolor que se siente.
Manifestar uno su resentimiento.
Ejemplos ?
El insolente jóven continúa: en el discurso de la noche me quejé de mi suerte, que me concedia tanta dicha cuando no podia gozarla mas que poco tiempo.
Por mi parte, lo informé de mi noviazgo con Elena—y su reciente ruptura. Posiblemente me quejé de la amarga situación, pues recuerdo haberle dicho que creía de todo punto imposible cualquier arreglo.
Al salir me quejé de ello a un amigo y este me dijo: «No le extrañe a usted, no lo ha hecho aposta; es que no se ha percatado siquiera de la presencia de usted.» Y le contesté: «Pues ahí está la grosería mayor; no en que no me haya saludado, sino en que no se haya dado cuenta de mi presencia.» «Eso es en él involuntario; es un distraído...», me replicó.
Hablele en seguida del estado de la atmósfera, y para justificar mi extravagancia de permanecer a su lado -a fin de no alarmarla-, me quejé de cansancio y de dolor de cabeza.
Elogié su conversación, su bondad, el timbre de su voz, el aroma... de su pañuelo, y, por último, me quejé de su falta de franqueza conmigo.
María No seas tonta: yo vengo a buscar a mi marido y, además, ya sabes lo que me aconsejó tu novio cuando me quejé de que el Rey se hubiese marchado sin dejarme una mala propina: «Id a Palacio inmediatamente », me dijo, «y procurad ver al Rey, que no se negaría a recibiros sabiendo quién sois; ya os convenceréis de que no tiene nada de tacaño».
En fin, el fuelle que tenía para mi uso me impacientaba; estaba obstruido. No me quejé dos veces. Al siguiente día la señorita Gamard me dio un fuelle precioso y ese par de tenazas con que me ve usted atizar el fuego.
Para pagarle con la misma moneda, me quejé de mis débiles ojos, y lamenté la forzosa necesidad que tenía de usar gafas, bajo el amparo de las cuales examinaba cuidadosa y completamente toda la habitación, mientras en apariencia sólo me ocupaba de la conversación con mi anfitrión.