quejar

(redireccionado de quejáis)

quejar

(Del lat. vulgar quassiare < lat. quassare, golpear violentamente.)
1. v. prnl. Expresar una persona un dolor físico o moral con palabras o gritos se quejaba mientras le quitaban los puntos. clamar, gemir, lamentar
2. Expresar disgusto, descontento o disconformidad con una persona o una cosa se queja de los vecinos; me quejo porque es injusto. protestar
3. DERECHO Presentar una querella contra una persona el abogado se quejó contra el acusado. querellarse
4. v. tr. Causar un sufrimiento o una enfermedad dolor a una persona. aquejar

quejar

 
tr. Aquejar.
prnl. Expresar con palabras o gritos el dolor que se siente.
Manifestar uno su resentimiento.
Ejemplos ?
¡Qué de dientes habéis hecho jinetes y qué de estómagos habéis traído a caballo dándoles a comer rocines enteros! ¿Y os quejáis, siendo gente antes condenada que nacida los que hacéis así vuestro oficio?
-Yo -dijo el cuarto- he padecido sufrimientos atroces por lo contrario de lo que se le suele echar en cara a la hembra egoísta. ¡Mal aconsejados me parecéis vosotros, harto afortunados mortales, cuando os quejáis de las imperfecciones de vuestras queridas!
Porque, pregunto, si queréis que os diga mi sentir: cuando os veis afligidos con las adversidades, ¿acaso os quejáis por otro motivo de los tiempos cristianos, sino porque apetecéis tener seguros y libres de temores vuestros deleites, vuestros apetitos, y entregaros a una vida viciosa, sin que en ella se experimente molestia ni pena alguna?
Vosotros, los señores críticos, o como queráis llamaros, os avergonzáis o asustáis del desvarío propio de todo creador original, cuya mayor o menor duración distingue al artista pensador del soñador. De aquí la esterilidad de que os quejáis.
Parecióle al que escuchaba que sería bien hablarle y ofrecerle para su remedio lo que de su parte podía, por obligarle con esto a que se descubriese y su lastimera historia le contase; y así le dijo: -Por cierto, señor gentilhombre, que si los suspiros que habéis dado y las palabras que habéis dicho no me hubieran movido a condolerme del mal de que os quejáis...
—¿Cuántos? —Trece. —¿Y os quejáis? —¡Santa Sión! Pagó dos; los once debe— Callaron ambos un punto, y a Rubén Daniel volviéndose, díjole:—Mas ya hay quien cubre lo que pierdo en los corceles: don Beltrán armó los suyos, pródigo con mis arneses.
¿Que se servirían de ella contra sí mismos? No pudísteis pensar esto; por tanto, ¿de qué os quejáis? El poder debe necesariamente ejercitarse en provecho de aquellos que lo tienen y en perjuicio de los que carecen de él; no es posible ponerlo en movimiento sin dañar a una parte y favorecer a la otra.