quedado

quedado, a

adj. Argent., Chile Se aplica a la persona inactiva, floja o que es indolente.

quedado, -da

 
adj. Sin iniciativa.
Traducciones

quedado

ADJ (Cono Sur, Méx) → lazy
Ejemplos ?
El párrafo I no se aplicara si el Estado de que se trate contribuyó con su conducta al error o si las circunstancias fueron tales que hubiera quedado advertido de la posibilidad de error.
Se considerará que la aplicación del tratado anterior ha quedado únicamente suspendida si se desprende del tratado posterior o consta de otro modo que tal ha sido la intención de las partes.
La barca, tras aquel a modo de salto sobre el escollo, había quedado como enclavada en una enorme hendidura; frente a ella otros remolinos delataban otros escollos, y allá, algo más distantes, divisábanse las aguas mansas de la cala, defendida por la escollera.
Como los ríos, que en veloz corrida se llevan a la mar, tal soy llevado al último suspiro de mi vida. De la pasada edad, ¿qué me ha quedado?, o, ¿qué tengo yo a dicha, en la que espero, sino alguna noticia de mi hado?
Palpaba el pábilo, apretándolo con los dedos, y luego se echaba del otro lado, volviendo a encasquetarse el gorro. Pero muchas veces se le ocurría pensar: ¿no habrá quedado un ascua encendida en el braserillo que hay debajo de la mesa?
Llevéme la mano a los ojos como para quitarme una venda, y me toqué los ojos abiertos, dilatados.... ¿Me había quedado ciego? No.
Me alegro, pues, de verle de tan buen humor; y ¡así esta pícara fatiga me permitiese a mí bromear también! El Capitán se había quedado bastante mohíno, y como excogitando alguna disculpa o satisfacción que dar a madre e hija.
Un animal había quedado en los corrales de corta y ancha cerviz, de mirar fiero, sobre cuyos órganos genitales no estaban conformes los pareceres porque tenía apariencias de toro y de novillo.
En todo no vio nadie lo susodicho sino yo, porque me subía par del altar para ver si había quedado algo en las ampollas, para ponello en cobro, como otras veces yo lo tenía de costumbre.
—Ahí los tiene entre las piernas. ¿No los ve, amigo, más grandes que la cabeza de su castaño; ¿o se ha quedado ciego en el camino?
Una hora después de su fuga el toro estaba otra vez en el Matadero donde la poca chusma que había quedado no hablaba sino de sus fechorías.
Curro el Cachete habíase quedado dormido por fin, aún llena de sollozos la garganta, de lágrimas los ojos y pensando en Rosario, en aquella que tanto le quería, y en la Gorgoritos, en aquella a la que tanto quiso.