queche


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queche

(Del fr. caiche < ingl. ketch.)
s. m. NÁUTICA Barco usado en el norte europeo, de un solo palo e igual forma por la proa que por la popa.
Traducciones

queche

ketch

queche

ketch

queche

SMsmack, ketch
Ejemplos ?
Entonces llegaron a la cima de una montaña. Allí se reunieron todos los hombres Queche con las tribus. Allí se reunieron, se consultaron, y el nombre de la montaña es ahora De la Consulta; tal es el nombre de la montaña.
“Estas tres Queche no se perderán, y nuestras Palabras serán iguales”, dijeron al aplicarse sus nombres. Entonces se les puso nombre también a los Cackchequel: “Fuego salido de la madera” es su nombre.
Lo mismo hicieron Los de los Tam, de los Iloc; parecidamente estaban en la selva, en el poblado llamado Dan; el alba existió sobre Los de las Espinas, Los del Sacrificio, de los Tam, con su dios, también Pluvioso. Único el nombre del dios de las tres fracciones de los hombres Queche.
Lo mismo el nombre del dios de los Rabinal; poco diferente este nombre: Suprema Lluvia, así se dice el nombre del dios de los Rabinal: se cuenta también que había unidad con la lengua Queche; pero había diferencia con la lengua de los Cakchequel, pues diferente el nombre de su dios cuando salieron del lugar de la Abundancia-Barranco.
Juntos durmieron en camino; sin saberlo, todos acabaron por dormirse, en seguida comenzó la depilación de sus cejas, de sus barbas, por; entonces se desprendieron los metales preciosos de sus gargantillas, de sus coronas, de sus collares; no fue sino el asta de sus lanzas a la que se le quitaron los metales preciosos. Para la humillación de sus rostros fue hecha su depilación, señal de la grandeza de los hombres Queche.
Entonces fueron los arqueros, los honderos, así llamados; no fueron más que los antepasados, los padres, de todos los hombres Queche; estaban en cada colina, solamente para guardar las colinas, solamente para velar sobre las flechas, las hondas, para guardar la guerra, cuando fueron.
De rostros iguales las tres fracciones del Quiché, cuando tomaron posesión, cuando fueron escogidos, los primeros de sus hijos, de su prole. Tal fue la Decisión tomada, pero no fue tomada allí, en el Queche.
Ese era el precio de su “blanca” vida, el precio de su poder, de aquel poder de Consejero, Consejero Lugarteniente, Eminente, Hablador de los Hombres. De dos en dos entraban, se reemplazaban, encargados de la tribu y de todos los hombres Queche.
Semejante la fuente de su historia, semejantes también las acciones de los Tam, de los Iloc, y de los Rabinal, de los Cakche-quel, Los de Tziquinaha, Tuhalaha, Uchabaha; entonces única palabra y oído entre los Queche cuando hacían todo aquello.
Ciertamente, aquello no era poca, y no eran pocas las tribus que habían vencido; de numerosas fracciones de tribus venía el tributo al Queche: y ellas sintieron, sufrieron pesadumbre.
Primeramente atacaron a la ciudad, fueron a matar. Querían la pérdida del rostro Queche: que ellos solos gobernasen su pensamiento.
Cuando se interrogaron, dijeron: “¿Cómo vencer el proceder de los hombres Cavek Queche, pues acaban con nuestros hijos nuestra prole?