Ejemplos ?
Cada latido de nuestro corazón parece que va a ser el último. El nuevo latido salvador que llega parece siempre una casualidad y no garantiza el subsecuente.
"Así es la lucha nuestra", me dice y se dice el viejo Antonio. "En la montaña nace la fuerza, pero no se ve hasta que llega abajo".
Todos o los más acaban diciendo requiebros a quien los mata. ¿Qué otra cosa puede suceder al que llega con su pecado hasta su muerte?
Porque cada voluptuosidad y cada tristeza están armadas, por decirlo así, de un clavo con el que fijan el alma al cuerpo y la hacen tan material, que llega a pensar que no hay más objetos reales que los que el cuerpo le dice.
Asegura el Doctor, hombre eminente, que, sin duda ninguna, el frío insano produjo una neuralgia de repente, en un nervio que llega hasta la mano, que en todos los mortales es mediano y en Vuestra Majestad es excelente.
La juventud lleva la voz cantante, y hasta habla de los reyes como si fuesen sus iguales. El primero que llega puede mojar sus trapos en agua sucia y escurrirlos sobre la cabeza de un hombre honorable.
He aquí en qué términos tan diferentes de los nuestros habla el Dios a los que entran en su templo, y yo comprendo bien el pensamiento del autor de la inscripción. Sed sabio, dice a todo el que llega; lenguaje un poco enigmático, como el de un adivino.
Actualidad del problema social-obrero Estamos ante una nueva prueba de la solicitud de preocupación de la Iglesia por la clase obrera, que llega en hora feliz a nuestra Patria; en la hora en que Venezuela siente, en todo su ser, el estremecimiento de una nueva vida que está naciendo; en la hora de una transformación radical de su economía.
Cuando Juan Ángel Michelena viene a gobernar a Montevideo, no es un venezolano el que llega sino un hijo de Coro; cuando Francisco Urdaneta va a combatir por la revolución en Venezuela, no es un uruguayo a quien se nombra, sino un montevideano.
Léase El Idiota. Allí aparece un joven que llega de Suiza, donde ha vivido desde niño, encerrado en un Sanatorio. Un ataque de imbecilidad infantil borró de su conciencia cuanto en ella había.
Pero vedle que llega: lo mismo que es su porte majestuoso su corazón es noble y generoso.» Y aquí la voz el capitán alzando, mandó tender la escala, y tal empeño y tal estimación viendo su dueño, con sonrisa amorosa y rostro blando los brazos tendió al árabe, que en ellos los suyos enlazando, con emoción oculta sollozando los rizos le besó de sus cabellos.
El Presidente de la República: muy buenos días, Pedro, a usted y a su muy amable auditorio. Es un gusto estar esta mañana en su programa que sabemos que llega a muchos, muchísimos puntos de la República Mexicana.