quídam

quídam

(Del lat. quidam.)
1. s. m. coloquial Persona indeterminada.
2. coloquial Persona despreciable y de poco valor de quien se omite o ignora su nombre.

quídam

 
m. fam.Sujeto designado indeterminadamente.
fam.Sujeto despreciable de quien se omite o ignora el nombre.
Traducciones

quídam

SM
1. (= alguien) → somebody (or other)
2. (= don nadie) → nobody
Ejemplos ?
El que grita, sueña y canta en cada uno de nosotros. Éste es el “quídam” que el Cirque du Soleil celebra. Una joven está furiosa; cree que ya lo ha visto todo y su universo se ha vuelto insignificante.
Su cólera hace que estalle su pequeño mundo y se encuentra en el universo de Quídam en compañía de dos personajes: uno alegre y otro misterioso.
La denominación popular del balneario procede de este quídam, que estaba plagado de piojos y que por ello sería conocido en la zona como tío Piojo.
De la primera consta de una escritura de venta de 17 de enero de 1111 con la cual Pedro Mercurio y su mujer vendieron al prior de Montserrat un manso en el término de Guardiola por precio de doce sueldos moneda de Manresa nombrada bruna. De la segunda, lo asegura Marquilles: moneta quaternalis bruna ut quídam referunt...
La idea de viajar por el extranjero puso a don Juan fuera de quicio; es indecible el desdén con que miraba a su enemigo Morrión cuando en aquellos días le encontraba casualmente en las calles de Marineda. «Ahora verás, quídam pelagatos, la diferencia que va de un furriel de nacionales a una notabilidad política».
Cuando yo oía decir aceituna, una, pensaba que la frase no envolvía malicia o significación, sino que era hija del diccionario de la rima o de algún quídam que anduvo a caza de ecos y consonancias.
Y no fue tampoco un quídam, sino un hombre de ingenio, y la prueba está en que escribió un originalísimo libro que inédito se encuentra en la Biblioteca Nacional y del que poseo una copia.
Si España tuviera fuerzas para trabajar en Africa, yo, que soy un quídam, me comprometería a inventar media docena de teorías nuevas para que nos quedáramos legalmente con cuanto se nos antojara.
Y luego, ¿qué provecho, en buen análisis, saca la sociedad de que a un malsín lo engañe una pindonga semitísica, dando a otro quídam el ansiado sí?
Y siguió su camino para otra habitación, convencido de que en su honra no había la más leve manchita, y de, que era un vil calumniador el caritativo quídam que le había dado el amargo aviso.
Así, por ejemplo, un quídam que ve los toros de lejos y arrellanado en galería, no equivoca estocada; un militar, con el plano sobre la mesa de su cuarto, dirige campañas y no pierde batallas; un político desde las columnas de un periódico hilvana a pedir de boca lecciones de buen gobierno y zurce planes de hacienda que, a realizarse, permitirían al más desdichado almorzar menudillos de gallina, comer faisán dorado y cenar pavo con trufas.
Como para viuda y hambriento no hay pan duro, quizá doña Beatriz habría arrastrado de malilla con el chirlo y los cincuenta diciembres, si un quídam, envidioso de la ganga que se le iba a entrar por las puertas a Diego Hernández, no hubiera murmurado a los oídos de la dama que el novio era como mandado hacer de encargo y, aludiendo a que en sus mocedades había sido Hernández aprendiz de zapatero en España, enviádola estos versos: ::«Plácemes te da mi pluma, ::que un galán llevas, princesa, ::que ansí maneja la espada ::como maneja la lesna».