Ejemplos ?
¿Y vives solo ahí?... Vives como un príncipe. ¿Y no te da tristeza estar solo?... ¿Y qué haces?... Cómo gozarás de la vida, ¿no? No.
arta XXXIIHace falta completar la propia vida Pregunto por ti y pido a todos los que vienen de este país qué haces, y con quien habitas.
-Cómo pasas los días, Sebastián mío, le decía. Quien endulza tus noches: ¡Qué haces, esposo mío, sin tu Lucía! Como has enflaquecido, Sebastián.
- ¡Ah! Mi pobre hombre ─le dijo ella─, ¿qué haces tú yendo detrás de la procesión de los difuntos? ¿Quién te impide seguir a los otros?
preguntó Rafaelito. -No me he propuesto cortarlo. -¿Pues qué haces? -Destruir la hiedra que comienza a enroscarse en el tronco. -¿Qué daño causa?
uno es el que baila como perro. - Pero... - ¡Qué poca visión tienes! Estás miope o qué... Sin lana qué haces? - Pero... -... No seas ridículo.
Asombrado contemplaba todo aquello cuando escuché, un ronco y grueso vozarrón que hizo estremecer el recinto y a mí me fulminó de sobresalto: —¿Quién eres tú, insignificante enano y qué haces en mi reino, el reino del Magno Efrit?
En aquel momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar. —¿Qué haces? —exclamó, dirigiéndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos—.
¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque.
Su hija le coge del bolsillo 3 florines 65 céntimos. Pero ella le dice: `¿Qué haces? No cuesta más de veintiún céntimos'.» Mi conocimiento de las circunstancias particulares de la sujeto me dio la explicación de este sueño sin necesidad de más amplio esclarecimiento.
Por fin dijo con voz que parecía amenazada de síncope, y dándose a improvisar, inspirada por el susto. -Mi bien, mi señor; ¿qué haces?, no era eso lo convenido, ni tal desmán necesario para probarte mi inocencia.
Avilés! ¿Qué haces que por la ciudad no ves?». El virrey no lo tomó a enojo, y mandó escribir debajo: «Para dar gusto a antojos he mandado hasta España por anteojos.» Respuesta que tranquilizó los ánimos, pues vieron los vecinos que su empeño estaba sujeto a la decisión del rey.