qué casualidad

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qué casualidad

che combinazione
Ejemplos ?
Y estábamos hablando y ella toma el tema económico, toma el tema económico y le digo qué casualidad que yo estoy también dándole a ese tema, Cristina.
-Casualidad, efectivamente, pero... -¡Qué casualidad, ni que casualidad! déjese de casualidades, hombre; ¡si no es más que matufia!
- ¡Puros cuentos! Ya verás la tranquiza que voy a darte. ¡Qué casualidad de que por nada te defendió! Algo has de haberle insinuado.
Comentaron las fuerzas vengadoras y al ver una caña doble de maíz, exclamaron: -¡Allí está! Qué casualidad que es la única mata doble de toda esta milpa.
Pido carta. Rey de espadas. Hombre ¡qué casualidad! Treintaiuna. Y de partida en partida concluía por ganarle al Cristo toda la colecta, diciéndole para mayor burla: — A ver si escarmien- tas, y te dejas de vicios que no son para ti.
Quieren destruir el símbolo de la Revolución, y qué casualidad que lo mismo que piden algunos aquí adentro es lo que están pidiendo nuestros enemigos de afuera que dicen que quieren que nos cambiemos la camisa y que lo que quieren es que nos afeitemos; eso es lo que quieren (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Dicen que la camisa está sucia, y yo digo que no me importa, que yo no vine aquí a la capital de la república a vestirme de frac ni de smoking y que, por lo tanto, me pongo esta camisa que es barata, y no necesito dinero para comprar más ni le tengo que robar a nadie (APLAUSOS).
Así que nuevamente observaron detenidamente a su rededor y de repente señalaron al mexolote, gritando: -¡Allí está! ¡Qué casualidad que sea el único maguey cuate de este lugar!
«-En tiempos de Bravo Murillo -dice uno- me dejé toda la barba. -¡Hombre! ¡Mire usted qué casualidad! -exclama otro-. Entonces me casé yo.
Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad!, al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid.
Allí lo amparó un infeliz que vivía en una triste choza en la orilla del río. ¡Qué casualidad! Su protector estaba también lazarino, y vivía en aquellas soledades manteniéndose con algunos socorros que le enviaban del vecino pueblo y el producto de un pantanal y otras sementerillas que cultivaba y mandaba a vender a las inmediaciones con sus dos hijos que lo acompañaban.
justamente acaba este también de cerdear sus yeguas. ¡Qué casualidad! El domingo, a la tarde, llovió gente al puesto de Gregorio.
Fedro En verdad, Sócrates, el negocio te afecta, porque el discurso, que nos ocupó por tan largo espacio, no sé por qué casualidad rodó sobre el amor.