Ejemplos ?
Y al tenderme sus dos manos, y entregarle yo las mías heladas, leí en sus ojos, con una transparencia intolerable, lo que pasaba por nosotros. Me puse pálida como la muerte misma; y como sus manos no soltaran las mías: —¡Luis!
«Iré al mercado de Les Halles», pensé, «allí al menos encontré vida». Me puse en marcha, pero ni siquiera sabía ir. Caminaba lentamente, como se hace en un bosque, reconociendo las calles, contándolas.
Dime cuándo. Me puse a cavilar. Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana llego a Granada y doy el cante; pasado mañana lo cogen...
Y, aunque su amor me arrastra a esta ventura, me huelga imaginar en esta pena que puse el corazón no en sitio inmundo, pues no hay otro más digno en todo el mundo.
No había ninguna criada, y de eso no cabía duda. Me puse a observar en busca del equipaje extra. Luego de alguna demora, llegó al embarcadero un carro conteniendo una caja oblonga de pino, que al parecer era lo único que se esperaba.
Yo me levanté desencajado, me puse de rodillas, y exclamé en todos los tonos de voz que pude inventar: - ¡Bendita sea tu alma, rey de los hombres!...
Llegué hasta las seis de la mañana a mi casa. Un cuetote que me puse y unas cogidotas con un viejorrón ...¡Pero qué viejorrón! No la solté en toditita la noche...
Andrés Alcázar, me puse en marcha con la división de ataque compuesta de 300 Fusileros, 40 Dragones, 2 piezas de artilleria y varios Oficiales de Milicias.—Poco después de amanecer llegó la división á Cuchacucha, cuyas casas halló desiertas y que el enemigo había repasado el Nuble: Ínterin descansaba y tomaba algún refresco la Tropa, se dispuso que dos piquetes saliesen á recorrer el Campo y recoger el ganado perteneciente á Urrejola.
Así estuvimos como una hora, restregándonos, rodando por el pasto hasta que... Yo ya no aguantaba las ganas. Por fin, me la puse debajo y colocándoselo ella misma, hice lo que debía. Ni trabajo me costó.
Y por esta causa entre todas las cosas que quise os fuesen necesarias, ninguna hice que fuese más fácil que el morir, puse el ánima en lugar dispuesto a entregarse.
No os puse tan largas dilaciones a la salida de la vida, cuantas a la entrada: porque de otra manera, si tardáredes tanto en morir como en nacer, tuviera la fortuna en vosotros un extendido imperio.
Aunque probablemente no se había dado cuenta de mi presencia por mi tamaño, me oculté asustadísimo debajo de una enorme banca y me puse a esperar lo más desagradable.