purismo


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purismo

1. s. m. Preocupación o celo extremo por mantener inalterado un modo de hablar, de escribir o de ejecutarse cualquier arte en general.
2. Voluntad de adaptarse a un modelo ideal, que se manifiesta por una preocupación exagerada por la perfección.

purismo

 
m. Calidad de purista.
b. art. Tendencia artística cuyos principios están redactados en el manifiesto Après le cubisme, publicado en 1918 y firmado por Ozenfant y Le Corbusier.
lit. Tendencia a eliminar del lenguaje los giros y vocablos de origen extranjero, los arcaísmos y los neologismos.
Sinónimos

purismo

sustantivo masculino
Traducciones

purismo

purismo

purismo

Purismus

purismo

purisme

purismo

purisme

purismo

Purismus

purismo

Purism

purismo

SMpurism
Ejemplos ?
Ya para él no vamos siendo tan indignos de sacramentos literarios los que murmurábamos de sus primitivas exage­ raciones de purismo.
El purismo no pasa de un'afectación, i como dice mui bien Balmes, Ala afectación es intolerable, i la peor es la afectación de la naturalidad".
El purismo no pasa de una afectación, y como dice muy bien Balmes, "la afectación es intolerable, y la peor es la afectación de la naturalidad".
Inútil resultaría la emancipación política, si en la forma nos limitáramos al exagerado purismo de Madrid, si en el fondo nos sometiéramos al Syllabus de Roma.
Bien merecen entrar también en cuento los pedantes secuaces del purismo, que carecen de gusto y sentimiento; que si Mena no dijo fanatismo reprueban esta voz, y escrupulosos buscan en Marïana panteísmo.
Defender los usos cuidadosos de la lengua y la idiosincrasia del español desde la pertinencia de las técnicas de descripción, clasificación y explicación lingüísticas, no es purismo neoclásico ni decimonónico, sino cientificidad.
Cuando comparo entre los historiadores contemporáneos á Ferrer del Río, por ejemplo, historiador de Carlos IV, alam- bicado en la frase, de un purismo amanerado, y con criterio propenso siempre á apreciaciones inexactas, con don Bartolomé Mitre, historiador de San Martín y de los magnos días de lu- cha por la autonomía de un mundo, con su estilo llano y ele- gente, con su envidiable tino para compulsar documentos sa- cando de ellos el jugo animador de la narración, y con su ningún apasionamiento para deducir lo que se entiende por filosofía de la historia, siéntome como hijo de esta gran patria americana, íntimamente satisfecho y gozoso.
Yo no abogaré jamás por el purismo exagerado que condena todo lo nuevo en materia de idioma; creo, por el contrario, que la multitud de ideas nuevas, que pasan diariamente del comercio literario a la circulación general, exige voces nuevas que las represen ten.
Felizmente va ganando terreno en la docta corporación la idea de que es quimérico extremarse en el lenguaje, defendiendo un purismo ó pureza más violada que la Maritornes del Quijote.
El señor de Piérola (y le apeo el tratamiento porque no dedico mis lucu­ braciones al jefe de la nación, sino al escritor, y nada más democrático que las letras) llevaba en su juventud el purismo hasta no emplear palabra que no hubiera recibido el óleo de la Academia.
Algo que destaca en los libros de lectura es la postura ideológica de sus autores que de manera general tienden a utilizar los textos para promover conceptos morales que oscilan desde un purismo enfermizo hasta una racionalización de la conducta.
Inútil resultaría la emancipación política, si en la forma nos limitáramos al exajerado purismo de Madrid, si en el fondo nos sometiéramos al Syllabus de Roma.