puntillas

Traducciones

puntillas

chodit po špičkách

puntillas

tåspids

puntillas

Zehenspitzen

puntillas

tiptoe

puntillas

varpaillaan

puntillas

otapkati na vrstima prstiju

puntillas

つまさき

puntillas

발끝

puntillas

tåspiss

puntillas

smyga på tå

puntillas

เดินด้วยปลายเท้า

puntillas

đầu ngón chân

puntillas

脚尖
Ejemplos ?
Yo estoy levantado desde las seis. Ya he subido tres veces, me he acercado a la puerta de puntillas y nada, ninguna señal de vida.
Sin embargo, no me fui a mi cuarto, sino que me tendí sobre un diván de la habitación contigua. Cada cuarto de hora me levantaba, llegaba de puntillas hasta la puerta y prestaba oído...
Pero en seguida se abrió la puerta y vi entrar a mi madrastra, en camisón de noche, y llevando una palmatoria en la mano. Andando de puntillas se acercó hasta mí, con un dedo en la boca como para imponerme silencio.
De puntillas, de puntillas, para no despertar a Piedad, entran en el cuarto de dormir el padre y la madre. Vienen riéndose, como dos muchachones.
Por la ventana entra la brisa, y parece que juegan, las mariposas que no se ven, con el cabello dorado. Le da en el cabello la luz. Y la madre y el padre vienen andando, de puntillas. ¡Al suelo, el tocador de jugar!
Serás mío, irás al sacrificio». Y el filósofo se ponía de puntillas; se estiraba cuanto podía, daba saltos cortos, ridículos; pero todo en vano.
Virginia despertó y contó sonriendo lo que había pasado. El niño había entrado de puntillas. Una vez cerca de la cama, se quedó examinando si la enferma dormía.
Lo hacía arrodillada, murmurando entretanto una canción ligera. Joram, que sin duda era su enamorado, entró de puntillas y le robó un beso sin preocuparse de mi presencia.
Como esta primera audacia le había salido bien, ahora cada vez que Carlos salía temprano, Emma se vestía deprisa y bajaba de puntillas la escalera que llevaba hasta la orilla del agua.
La doncella entró de puntillas en la alcoba. Extrañaba que su ama no hubiese llamado ya, y sabiendo lo puntual de sus horas, aquella su exactitud de cronómetro, estaba inquieta desde las ocho de la mañana.
Y vino la muerte, aquella muerte lenta, grave y dulce, indolorosa, que entró de puntillas y sin ruido, como un ave peregrina, y se la llevó a vuelo lento, en una tarde de otoño.
Sin rumor y de puntillas, como fantasma o espectro, en el corredor entrose la parte oscura siguiendo, un hombre embozado: llega por detrás en gran silencio a la reina, que, de espaldas estando, no pudo verlo, y le tapa el noble rostro con dos manos como hielo; pero delicadas manos que agita un temblor ligero.