pulpero

pulpero, a

1. adj. PESCA Del pulpo o de su pesca.
2. s. m. Utensilio provisto de ventosas y tentáculos para obtener la pulpa de algunas frutas tropicales.
3. s. Amér. Persona que tiene una pulpería.

pulpero, -ra

(pul'peɾo, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
1. persona que prepara y vende pulpos los pulperos del puerto
2. persona que atiende una pulpería el pulpero del pueblo
Traducciones

pulpero

/a SM/F (LAm) (= comerciante) → storekeeper, grocer; (= tabernero) → tavern keeper
Ejemplos ?
Al llegar a la esquina de las Campanas, la niña comenzó a temblar como azogada, exhaló un grito agudo y ¡pataleta al canto!, cayó sobre el santo suelo. Acudió el pulpero, y con ayuda de los transeúntes transportaron a la doncellica a una casa vecina.
Leonorcica, para colmo de venturanza, era casada con un honradísimo pulpero español, más bruto que el que asó a la manteca, y a la vez más manso que todos los carneros juntos de la cristiandad y morería.
Pero hasta en ese sitio perseguía a nuestro pobre diablo la desdicha; porque mientras el pulpero traía lo pedido, sentósele al lado Juan Izquieta y brindole una copita de Manzanilla, en la cual había vertido antes una gotita de óleo sagrado.
Avínose el cabildante, no sin manifestar recelo de que a los vecinos disgustase la providencia, e inmediatamente comunicó la orden del caso al maestro de obras o primer albañil de la ciudad. El pulpero protestó enérgicamente, tan enérgicamente como un diputado dual contra las balotas negras.
Y... andá, Pilar, por favor, mientras duerme ño Severo, ve si te empriesta el pulpero un vaso y el asador. Y en cuanto llegue Luciano, la venida de Olivera celebraremos siquiera con un pedo soberano.
Dejó el tambo, más bien dicho, el tambo lo dejó; y como, si le faltaba la suerte, tenía bastante charla, pudo convencer a un pulpero que quería componer un parejero, que no había criollo capaz de hacerlo mejor que él.
El pulpero, muy confiado en su compositor, y muy lego en la materia, pensaba, como se lo aseguraba Juan, que su caballo iba a ganar cortando a luz; y en vez de contentarse con lo que le iba a producir la reunión, quiso también arriesgar pesos, y apostó fuerte; pero también obligó a Juan a jugar con él -era bastante natural-, todo el sueldo que le podía adeudar.
Cada mes, es cierto, el carro de la pulpería pasa por el rancho, a alzar los cueros o la cerda, y también se apuntan en la libreta; pero don Juan Antonio apunta entonces lo menos posible; y como el muchacho, aunque diga, no revisa nada, los cueros resultan casi todos de epidemia o pelados. De modo que la libreta tan bien se hincha que, por poco que pinte mal el año, le empieza a entrar recelo al mismo pulpero.
Don Agustín se puso a disposición del pulpero: no era, a decir la verdad, carpintero de oficio, pero tenía cierta afición y era bastante baqueano para enderezar a martillazos los clavos torcidos y enmohecidos que nunca faltan en una casa de negocio, serruchar medio derecho tablas de cajones vacíos y de barricas, y pegarlas juntas, sin ofenderse por demás los dedos.
Ítem, se ordena y manda que porque de no poner precio a las cosas de comer y de beber y al jabón que los recatones compran para revender, se han encarecido y encarecen las tales mercaderías y ha habido grande desorden en ello porque piden precios excesivos y todos los recatones y Pulperos se hacen a una, para remedio de la suso dicha se manda que de aquí (en) adelante ningún Recatón, ni Pulpero que vendiere las cosas suso dichas u otras semejantes...
No había para él partido político, ni pobres, ni ricos, y lo mismo hubiera prendido al estanciero poderoso, por haber cortado un alambrado para dar paso a su break lujoso, que a un vago, por haber carneado de noche, o al pulpero, por haberle comprado el cuero.
Como las emociones del juego despiertan la sed, entrose Pirindín a la taberna de la esquina, y pidió al pulpero una botella, no sé si de catalán o Cariñena.