pulpería

pulpería

s. f. Amér. Central y Merid. COMERCIO Tienda donde se venden bebidas, comestibles, mercería y otros géneros muy variados.

pulpería

(pulpe'ɾia)
sustantivo femenino
tienda que vende bebidas, comestibles y otros artículos Los jinetes pararon por una copa en la pulpería.
Traducciones

pulpería

SF (LAm) (= tienda) → general store, food store; (= taberna) → bar, tavern
Ejemplos ?
Olvidado ya de que tal hombre iba en el bongo, ha reconocido ahora, de pronto, aquella voz singular. Fue en San Fernando donde por primera vez la oyó, al atravesar el corredor de una pulpería.
Ítem, se manda y ordena que ninguna persona pueda tener Pulpería sin licencia expresa del cabildo, y que dé las fianzas, y lo mismo los Oficiales, Sastres, Zapateros, Plateros y los demás Oficiales que convinieren que (les) den las dichas fianzas, so pena de treinta pesos aplicados según dicho es.
Ño Chombo Llescas, como lo llamaba el pueblo, tenía, hasta hace pocos años que murió, pulpería en la esquina de San Francisco, y vendía exquisitas salchichas confeccionadas por Tiburcio, negro borrachín a quien D.
Dijo que el mandato de la autoridad era abusivo y contra ley, y atentatorio a un derecho adquirido y consentido; que le acarreaba lesión enormísima, pues de tiempo inmemorial era conocido su establecimiento con el nombre de pulpería de los cachos, y que al suprimirse el emblema no tendrían los nuevos parroquianos señal fija para acudir a su mostrador, lo que redundaba en daño suyo y provecho del pulpero del frente.
La pulpería enseñó estas curiosidades al cura Gamboa, y él, reconociendo que debían ser recientemente extraídas de alguna huaca la comprometió a que diera aviso tan luego como el indio se presentase a reclamar sus prendas.
Por ejemplo, una vez que, después de esquilada su majada, vino un aguacero con viento, una tormenta repentina de los mil diablos, que se la arreó a una legua, deshilándose las peladas como cuentas de rosario, por supuesto, antes que él hubiese podido volver de la pulpería donde había ido -por casualidad,- a tomar la tarde, se habían acalambrado más de cien.
Los domingos se empaquetaba; se ponía boina nueva, bombachas y camisa limpias, reemplazaba las alpargatas por botas engrasadas, y, completamente afeitado, como lo acostumbran los vascos, iba a dar una vueltita a la pulpería, a charlar con los amigos, tomar unas copas y hacer ese intercambio de pensamientos elevados que distingue las reuniones de campesino.
a pulpería de don Juan Antonio Martínez, poéticamente denominada por su dueño: «La Nueva Esperanza», quizá en homenaje a anteriores descalabros, era la más acreditada de todas las casas de negocio brotadas a veinte leguas alrededor.
En la pulpería, no faltaron conocidos con quienes conversar, y cuando acordó, era ya casi de noche y tuvo que postergar para el día siguiente la compostura de los lienzos.
El caballo había quedado en la zanja para siempre. ¡Adiós las largas y melancólicas estadías en el palenque de la pulpería! ¡Adiós la marcha vacilante de la noche, cuando su dueño oscilaba como un péndulo sobre el recado!
De la noche a la mañana traspasó, pues, la pulpería, y con los reales que el negocio le produjo se trasladó a Chile, donde en Valdivia puso una cantina.
Y con la única peseta columnaria que le quedaba en el bolsillo, se dirigió al ventorrillo o pulpería de la esquina y compró cuatro vayas de cuerda fuerte y nueva, lujo muy excusable en quien se prometía no tener ya otros en la vida.