Ejemplos ?
Antes me paso ar moro y reniego de mi ley. -Ahora mismito pules er jaco, y yo pulo mis arracás y mi mantón e Manila y las entrañas, ¿tú te enteras?, y las entrañas.
Pues la locución se empeñó en vivir, y ya no hay académico que tenga escrú- pulo de monja boba en decir ó estampar:— Ayer tuvo lugar la recepción solemne de don X.
En balde el humo de los pebeteros embalsama la opulenta cámara; en balde la seda de brillantes colores se ha extendido sobre diez pieles de tigre para que descansen sus miembros; en balde han invocado los bracmines por siete veces al espíritu del reposo y al genio de los sueños de nácar; el Remordimiento, sentado a la cabecera del lecho, los ahuyenta con un grito lúgubre y prolongado, grito que resuena incesante en el oído de Pulo, que golpea su frente con dolor al escucharlo.
XIX Un furor terrible se apodera de esta, que desasiéndose del ya casi inanimado cuerpo de Pulo, busca a ciegas a su celeste enemigo.
IV Pero ya tocan al deseado término, ya han salido de las mas terribles de las pruebas atravesando a par del Ganges el valle del Acíbar, llamado así no tanto por los arboles que produce, de los que se extrae este licor, como por las amarguras que padecen los infelices que se ven en la necesidad de atravesarlo. Y Pulo atravesó las rocas que lo erizan llevando a Siannah sobre sus espaldas.
XIV -Entona un canto de amor, uno de aquellos himnos que al son de los címbalos alzan las virgenes cuando conducen a una joven esposa al pie de las aras. -¡Pulo!...
XI Pulo se adelanta, con el arco tendido, la flecha pronta y el puñal entre los dientes; Siannah le sigue, pálida la color, el cabello erizado y el paso temeroso.
VI Pulo, ya fuera de los muros de la ciudad, manda retirarse a los que le siguen y emprende solo y sumido en hondas meditaciones el camino que, serpenteando entre las rocas y las cortaduras, se dirige a la gruta donde nace el torrente que ya salpica su rostro con el polvo de sus aguas.
XVII ¿Quien es ese peregrino que se apoya en un grosero cayado de abedul y que en la sola compañía de una mujer hermosa, pero humildemente ataviada, sale por una de las puertas del Kattak al mismo tiempo que la luna se desvanece ante los rayos del astro del día? Es el: Pulo-Dheli, magnifico rey de Orisa, señor de señores, sombra de Dios e hijo de los astros luminosos.
El tigre salta. Pulo arroja el arco, se cubre con el escudo de pieles, dobla una rodilla, esconde el rostro y lo espera con el puñal en la diestra.
-Cuando la sangre que mancha tus manos, que en balde me ocultas, haya desaparecido -exclama el terrible bracmín, lanzando una mirada de indignación al príncipe, que permanece aterrado ante aquella prueba de la sabiduría del solitario. XIII -¿Me conoces? -prorrumpe Pulo al fin, saliendo se su estupor. -No te conozco, pero sé quien eres.
Las ideas vagan confusas, como esas concepciones sin forma ni color que se ciernen en el cerebro del poeta; como esas sombras, hijas del delirio, que nos llaman al pasar y huyen, nos brindan amor y se desvanecen entre nuestros brazos. X Pulo es el primero que interrumpe el silencio.