puestero

puestero, a

1. Amér. COMERCIO Persona que tiene un puesto de venta en un mercado.
2. Amér. Merid. Persona que tiene a su cargo un puesto de estancia.
Traducciones

puestero

/a SM/F
1. (esp LAm) (en mercado) → stallholder, market vendor
2. (Cono Sur) (Agr) (= mayoral) → farm overseer, ranch caretaker; (= agricultor) → small farmer, tenant farmer; (= trabajador) → ranch hand
Ejemplos ?
Uno de los puestos de la estancia se denominaba de San Lorenzo y estaba emplazado en las cercanías de la desembocadura del arroyo San Lorenzo. Unos pocos ranchos constituían la población integrada por la familia del puestero y la de otros peones y reseros.
En el año 2009 editan "Pasaporte", su último disco.Con canciones como "Lo que hay en ti", "Chamarra de Ramon" y "Vengo".Y cabe destacar las versiones de "Puestero y cazador" tema original de Los Hermanos Cuestas, "Dejando Huellas" de Rufino Conde y el Chaqueño Palavecino.
Tuvo varios oficios para poder subsistir: pintor, vendedor ambulante, puestero en un mercado, tipógrafo y preceptor en una escuela industrial, sin embargo, su contribución radica en la poesía.
La voz del viento Denis, un puestero carneador, decide de comprar y esposar a una prostituta, Lucrecia, para combatir la soledad.
Los restos del Argentinosaurus fueron encontrados gracias a la denuncia de Sr. Guillermo Heredia, puestero de "Las Overas" una estancia de Plaza Huincul.
El patrón, un buen criollo, para quien sólo valía la hacienda y que siempre había tenido para toda planta que no fuera pasto, altamisa y trébol, gramilla o cardo o flor morada, el más profundo desprecio, empezaba a mirar con cierto interés la plantación de su puestero.
No tenía hora fija don Salvador, y lo mismo a media noche como en plena siesta, recorría su campo; y, muchas veces, cuando furiosamente ladraba entre las tinieblas la perrada de algún puesto, erraba el puestero, al creer que iba llegando algún mal intencionado o pasando algún cuatrero, pues no era más que el mismo patrón, a quien le gustaba curiosear y saber cuántos caballos había en el palenque de tal o cual, si las majadas dormían en el corral o a rodeo, y si no andaban...
De repente, oyó un tropel de balidos apurados y de dumbas retumbantes y, antes que, volcado el balde, hubiera desprendido del recado la soga, para lanzarse a galope y desviar el torrente, la majada del puestero vecino, surgiendo del duraznillal, se había venido, a todo correr, a mixturar con la suya.
Un día era la manada de su vecino y compadre don Anacleto que, en un descuido, venía a aprovechar el agua de las bebederas de su jagüel; otro, eran las lecheras de un puestero de «La María» que llegaban hasta la quinta de la estancia y se le metían en el maizal.
El puestero y los peones saltan en el corral, y, después de abrir entre dos lienzos una puertita angosta, van aproximando despacio a ella las ovejas, para que salgan de a una.
Y mientras cambiábamos sobre el punto, nuestras reflexiones, salió del rancho la mujer del puestero, con unas siete u ocho criaturas, entre negras y blancuzcas, que se pegaron contra la pared, mirándonos con toda la atención de sus tamaños ojos negros.
«¿Gusta un mate, patrón?» -«Bueno, don Pedro, tomaré.» Y el patrón de la estancia, un extranjero de unos cuarenta y cinco años, de risueña cara colorada y de pelo rubio, se sentó, sin cumplimiento, como todo lo hacía, en la punta del banco, para saborear un cimarrón y conversar un rato con su capataz, Pedro Ponce, un puestero, Francisco Muñiz, que estaba de visita, y el viejo Soria, un gaucho casi octogenario, titulado peón, para poder darle, sin herir su amor propio, el techo y la comida y algunos pesos para la caña, en que se conservaba, como un encurtido, en vinagre.