Ejemplos ?
—En todas las instalaciones o Reparticiones de las Fuerzas Militares y en Navíos de guerra, se izará diariamente el Pabellón Nacional desde las 08:00 horas, hasta las 18.00 horas para las unidades terrestres y hasta la puesta del sol para unidades a flote.
En la vereda solitaria se encontraron a la puesta del sol los dos hombres del pueblo. Venían en contrarias direcciones. El uno regresaba de dar una ojeada a sus viñas, que empezaban a brotar; el otro había asistido, más bien curioso, al suplicio de cierto Yesúa de Nazaret, y bajaba de la montañuela para entrar en la ciudad antes que los portones y cadenas se cerrasen.
Por inculta y tosca que fuese su naturaleza, ambos sentían en aquel instante, quizá por la excitación a que habían llegado sus almas, que la puesta del sol no debía serles tan indiferente como en los demás días; que era para ellos aquella hora, hora crítica y predestinada, hora de misterio o de fatalidad.
Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas alimentan a los zánganos, siempre ocupados en miserables tareas –aquéllas durante todo el día hasta la puesta del sol diariamente se afanan y hacen blancos panales de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo ajeno-, así también desgracia para los hombres mortales hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupadas en perniciosas tareas.
Olía a amor; la atmósfera elástica y serena convidaba a efusiones de melancolía voluptuosa. A lo lejos se oía puntear una guitarra, y una copla andaluza expiraba gimiendo, en el silencio de la puesta del sol.
porque es evidente que en el cielo no hay escribanos. Además, en el cielo no puede cumplirse con el requisito de extender el protesto antes de la puesta del sol del día siguiente...
Ya otra vez que te quise defender, me asió por el pie y me arrojó de los divinos umbrales. Todo el día fui rodando y a la puesta del sol caí en Lemnos.
Estando en ayunas no puede el varón combatir todo el día, hasta la puesta del sol, con el enemigo: aunque su corazón lo desee, los miembros se le entorpecen, le rinden el hambre y la sed, y las rodillas se le doblan al andar.
Al otro día, a la puesta del sol, se apeaba el doctor Angulo en el patio de la casa parroquial gritando, como un frenético: -¡Ana!
Hay un sitio que se llama la Pâture, en lo alto de la cuesta, en la linde del bosque. Algunas veces, los domingos voy a11í y me quedo con un libro contemplando la puesta del sol.
Por ello, como Copérnico conocía la fuerza con que están arraigadas en nuestro espíritu las antiguas tradiciones y los modos de concebir las cosas que nos son familiares desde la infancia, tuvo buen cuidado, para no aumentar nuestra dificultad de comprensión, luego de haber demostrado que los movimientos que nos parecen propios del Sol y del firmamento son en verdad propios de la Tierra, de presentarlos en las tablas y aplicarlos, hablando del movimiento del Sol y del Cielo superior, de la salida y de la puesta del Sol, de las mutaciones de la oblicuidad del zodíaco y de las variaciones de los puntos de equinoccio, del movimiento medio de la anomalía del Sol y de otras cosas semejantes, las cuales se deben en realidad al movimiento de la Tierra.
Zaratustra, en efecto, baja de las montañas. En segundo lugar es término usual para designar la «puesta del sol», el «ocaso». Y Zaratustra dice bien claro que quiere actuar como el sol al atardecer, esto es, «ponerse».