Ejemplos ?
Me había comunicado que la noche siguiente habría un cambio en el horario de trabajo: se marcharía una o dos horas antes del amanecer y volvería después de la puesta de sol.
En la llanura se pierde la carretera entre el festón de árboles, en las tierras pardas, que al recibir al sol que baja á acostarse en ellas se encienden de un rubor vigoroso y caliente. ¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades!
Fue lo único de que me di cuenta. Una tarde, antes de la puesta de sol, bajaba al fondo de un valle, donde pensaba pasar la noche.
Les contó una historia muy simple. Dijo que una tarde, hacia la puesta de sol, se había acostado después de haber bebido en exceso.
El principito bostezó. Lamentaba su puesta de sol frustrada y además se estaba aburriendo ya un poco. —Ya no tengo nada que hacer aquí —le dijo al rey—.
—Tendrás tu puesta de sol. La exigiré. Pero, según me dicta mi ciencia gobernante, esperaré que las condiciones sean favorables. —¿Y cuándo será eso?
Ammi no les hubiera hablado del pozo, de haber sabido que iban a actuar inmediatamente. Se acercaba la puesta de sol y estaba ansioso por marcharse de allí.
Ammi no les hubiera hablado del pozo de haber sabido que iban a actuar inmediatamente. Se acercaba la puesta de sol y estaba ansioso por marcharse de allí.
Pero sí sé que fue lo bastante extraño como para atraer mi atención, aun tratándose de una figura de espaldas y en la sombra en el fondo del profundo despeñadero, en tanto que yo estaba mucho más arriba, bañado por una brillante puesta de sol que me había obligado a darme sombra en los ojos con la mano antes de poder verle del todo.
A la puerta, a un lado, troncos colosales de madera fina repulida; y al otro, de color de rosa y verdemar, la pirámide del mármol transparente de la tierra, del ónix que parece nube cuajada de la puesta de sol.
Sí; hacía tres años que el barco cargado de emigrantes se había echado a la mar, y tres años después, a la misma hora, en el mismo sitio, a la puesta de sol, estaba yo de pie en el puente del barco que me traía a Inglaterra, con los ojos fijos en el agua matizada de rosa, donde había visto reflejarse la imagen de aquel barco.
No poseo nada, ni campo, ni hacienda; pero mías son la salida y la puesta de sol en el horizonte, y su buen calor durante el día, y la sombra de los árboles que he visto plantar y que he visto crecer.