pueblito

Traducciones

pueblito

SM (LAm) → little town; (más pequeño) → little village
Ejemplos ?
Que por mi venida y mis ofrecimientos pensaría en suspender la invasión que proyectaba á Patagones, á causa de su disgusto con el Gobierno, por no haberle entregado las raciones completas, y por no haber hecho caso de dos chasques que le había enviado, y porque también se encontraba disgustado con los amigos del pueblito que no le mandaban nunca ningún recuerdo.
Pero don Agustín, que era hombre formal, lo hizo trepar otra vez en el carro, a su lado, y sobre la marcha, sin decir nada a nadie, agarró por donde habían venido, registrando cuidadosamente el camino recorrido, hasta que, a una legua, más o menos, del pueblito, encontró al pobre Patricio, que esperaba tranquilo, con el cajón boca abajo, en un charco, que lo viniesen a buscar.
Con sólo conseguir de uno de ellos un poder en forma, ya se podía armar una de esas embrollitas capaces de disolver, en trampas y gastos de justicia, algo más de la herencia. Y en esto se ocuparon sigilosamente dos o tres de los buenos amigos que, en el pueblito, tenían los hijos de la finada.
Casi al mismo tiempo que, ocurriéndosele que debería ser su pueblo, cabeza de partido, empezó el dueño a empeñarse con el Gobierno provincial para conseguir su objeto, a uno de los comerciantes le pareció que el título de juez de paz daría a su casa una superioridad indiscutible sobre las demás, y como el Gobierno, al atender esos pedidos, pensó en aprovechar la coyuntura para dar colocación a algunos amigos sin empleo y, por consiguiente, fastidiosos y cargosos, en pocos meses cayó sobre el pueblito toda una manga de funcionarios.
En el patio interior de la pulpería se ha parado un carrito; lo maneja el hijo mayor de misia Tomasa, buen muchacho, quien, hace poco, ha dejado sus estudios en la escuela del pueblito; ha aprendido a leer y ya puede escribir -orgullo de sus padres- unas cartas que, por lo claro, parecen una conversación por gestos.
El Rubio se había vuelto el gran conquistador de corazones, en las chacras y quintas del pueblito y, a pesar de los celos que entre sus víctimas despertaba su conducta, de los odios y rencores que sus infidelidades entre ellas suscitaban, se daba maña el hombre para conseguir, hasta de las más resentidas, sonantes auxilios que le servían para aumentar el número de sus esclavas, mofándose de las amenazas de padres y maridos engañados.
Uno de los hermanos, Juan, el más joven, quien, si, por suerte, no hubiera sido tartamudo, habría salido muy doctor, apoyaba la idea; y cuando el candidato a apoderado, procurador conocido en el pueblito con el apodo de «Gusanillo», había desarrollado sentenciosamente sus argumentos irresistibles, él, con elocuencia espontánea, decía: «¡Por, por, por...
En el interior, un plano del pueblito, otro del partido, varios proyectos de iglesia y de escuela, estas aspiraciones natas de toda población naciente, irrealizables siempre, por falta de fondos, adornaban las paredes de la sala, con avisos para el pago de la contribución y de las patentes; en la mesa, un escribiente extendía una guía, ese documento de dos filos que, bajo pretexto de proteger los intereses legítimos del criador, se ha vuelto instrumento de su despojo, al buscar en él las municipalidades despilfarradoras, una elástica fuente de recursos, y cuya fácil falsificación permite a los empleados infieles aliarse con audaces cuatreros, para saquear, por otro lado, la propiedad del hacendado.
Con sencilla y clara intuición de lo único que requería esa tierra para dar, sin más complicaciones que algunas mejoras adecuadas, el producto de más fácil venta, hizo que vendieran los padres su chacra en Olavarría, ya valiosa, para comprar en ese desierto, todavía de muy poco valor, una regular extensión, los instaló en el pueblito que ya se iba formando, y empezó a arar y a sembrar de alfalfa la tierra comprada y a poblarla de hacienda vacuna.
Criador experto, comerciante hábil, agricultor perspicaz, para fomentar el progreso del pueblito, se había improvisado, con asentimiento tácito de la población y del gobierno provincial, jefe de policía, juez de paz y comandante militar, y poco le costó improvisarse también maquinista.
El pulpero, que no había pedido policía ni dado a las autoridades del pueblito aviso de la reunión, había tenido la precaución de exigir que cada uno le remitiese, al llegar, el cuchillo, para evitar que algún zafarrancho repentino le valiese una buena y bien merecida multa.
-«Señor, decía, un día, un paisano al comisario de un pueblito naciente, vengo a decirle que me han robado anoche una punta de vacas.