puchero


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puchero

(Del lat. pultarius.)
1. s. m. COCINA Recipiente de barro o hierro esmaltado, semejante a un caldero, con un asa, usado en la cocina ya puedes echar la verdura en el puchero. marmita
2. La comida de cada día ¿qué hay hoy de puchero?
3. COCINA Cocido, guiso de legumbres.
4. Conjunto de gestos que preceden al llanto verdadero o fingido no hagas más pucheros.
5. COCINA Cualquier recipiente usado para cocinar coge un puchero pequeño para calentar la leche. cazuela
6. puchero de enfermo COCINA coloquial 1. Cocido que se hace para las personas enfermas o con dolencias sin alimentos fuertes. 2. Cosa consabida.
7. empinar el puchero coloquial Tener para el alimento aunque no sea abundante.
8. salírsele a una persona el puchero coloquial Fallarle el plan o idea que tenía.
9. volcar el puchero coloquial Cometer fraude en una elección.

puchero

 
m. Vasija de barro o de hierro, fundido y esmaltado, con asiento pequeño, panza abultada, cuello ancho y una sola asa junto a la boca; sirve gralte. para cocer la comida.
Olla (guiso).
fig.Alimento diario y regular.
Gesto que precede al llanto.
Volcar el puchero. Dar pucherazos (fraude).

puchero

(pu'ʧeɾo)
sustantivo masculino
1. nombre dado a diferentes tipos de guisado comer puchero
2. alimento regular consumido a diario El sueldo no alcanza ni para puchero.
3. movimiento que anticipa el llanto hacer pucheros
4. recipiente de barro u otro material para guisar Quita el puchero del fuego.
Sinónimos

puchero

sustantivo masculino
olla (guiso), cocido*, pote (Asturias y Galicia), puchera.
Traducciones

puchero

pot

puchero

SM
1. (= olla) → cooking pot
2. (= guiso) → stew
3. (= sustento) → daily bread
ganar(se) el pucheroto earn one's crust
apenas gana para el pucherohe hardly earns enough to live on
4. (= mueca) → pout
hacer pucherosto pout, screw up one's face
Ejemplos ?
espués de escuchar Currito el Carabina todo cuanto hubo de decirle la hembra que sin permiso de la Católica, Apostólica, Romana, cuidábase de zurcirle lo roto, de coserle lo descocido, de espumarle el puchero y de muchísimas cosas más que por discreción callamos, quedóse nuestro hombre silencioso durante algunos instantes, no sin redoblar nerviosa y acompasadamente sobre el suelo con el tacón de uno de sus brodequines y no sin poner cara de malísimos propósitos, y exclamó después con acento sordo y amenazador: -¡Por vía e Dios con el compadre!
A veces llegaban con un puchero lleno de los frutos recogidos, o con las fresas ensartadas en una paja, y, sentándose junto al menudo abeto, decían: «¡Qué pequeño y qué lindo es!».
En el centro estaba la Duquesa, sentada sobre un taburete de tres patas y con un bebé en los brazos. La cocinera se inclinaba sobre el fogón y revolvía el interior de un enorme puchero que parecía estar lleno de sopa.
Por lo mismo que, entre nosotros, el mejor libro (salvo los de texto para las escuelas) no produce para el puchero co- tidiano; por lo mismo que los literatos, en el Perú, no son más que abnegados obreros del progreso, pienso que el escritor está más seriamente obligado á ser correcto, hasta donde sus fuerzas intelectuales y su ilustración se lo permitan, que á más no poder...
Nuestro único mensajero es el cesto de la compra, pero ¡se exalta tanto cuando habla del gobierno y del pueblo!; hace unos días un viejo puchero de tierra se asustó tanto con lo que dijo, que se cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.
Adelante. T. Tetera La tetera tiene rango en la cocina, pero la voz del puchero es aún más fina. U. Urbanidad Virtud indispensable es la urbanidad, si no se quiere ser un ogro en sociedad.
Los fósforos se encontraban ahora entre un viejo eslabón y un puchero de hierro no menos viejo, al que hablaban de los tiempos de su infancia”.
-añadió. -Atiende a tu cocina -gruñó él, dirigiéndose al jardín, que era el puchero de su incumbencia. Entretanto, el seminarista tomó asiento junto a la señora y se puso a charlar con ella.
Pues el duendecillo estaba en la cocina vigilando el puchero; hablaba, pero nadie lo atendía, excepto el gato negro, el «ladrón de nata», como lo llamaba la mujer.
Ya lo había oído antes, y ahora he tenido que escucharlo otra vez. Allí está charlando con ese calzonazos de seminarista. Yo estoy con el marido: «¡Atiende a tu puchero!». ¡Pero quiá!
-gritó Paco el de Mairena, penetrando en el Altozano precedido de la pacífica Platera, que caminaba lentamente agobiada por el peso de los enormes serones llenos de la aún más negra mercancía con que nuestro protagonista ganábase honradamente los garbanzos para el indispensable puchero.
-Dios te guarde, mal remendón, y cómo se arrempuja pa que no falte puchero que espumar en tus cubriles -exclamó el Calderero deteniéndose delante de aquel y mirándolo con afectuosa expresión.