Ejemplos ?
¡Espada y persona entregue, O vive Dios!... -Norabuena, Por ella quien guste llegue, Que por el puño la tengo. -Pues a él, ministros, prendedle.
Matasiete se tiró al punto del caballo, cortóle el garrón de una cuchillada y gambeteando en torno de él con su enorme daga en mano, se la hundió al cabo hasta el puño en la garganta mostrándola en seguida humeante y roja a los espectadores.
El niño se puso de pie. El hombre lo amenazó con el puño. El niño, por fin aterrorizado, corrió hasta un árbol próximo, se guareció detrás del tronco, y después encaró la situación con mayor seriedad.
Sólo que tras el antebrazo, e inmediatamente por debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete, pero el resto no se veía.
El debate que se suscitó llevó al nombrado académico a leer una extensa y pormenorizada exposición en la que justifica su propuesta cuando ejercía la presidencia el recién electo Presidente, Rafael Schiaffino. Está escrita de su puño y letra en actas (Vid.
No hay piedra, almena, viga, arco o ballesta o cosa que sobre él golpee o caiga, que de la puerta en la que el puño asesta, la frente, el pie o la espada, lo distraiga.
Tiene un contenido latente que su propio dueño le quiso dar: él no fue su último poseedor: “ El sabio que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregada al General de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que trataron de humillarla ”, escribió de su puño y letra el Libertador como cláusula tercera de su testamento.
Quien a veces llora por las quimeras rotas. Quien lucha tras el canto derrotado. Quien no doblega su mirada puño. Es él... ...el hombre auténtico...
F'elipe IV, por ejemplo, al pie de un rescripto dirigido a xma Real Audiencia agregó, de su puño y letra, estas enérgicas frases:— «Quiero que me deis satisfacción, á mí y al mundo, »del modo de tratar á estos mis vasallos indios.
Y diciendo esto, me meto dentro, saco las tijeras, corto en menos que se dice dos pares de pantalones, vuelvo y se los tiro encima del mostrador, diciéndole: -Ahora mételes el puño a ésos.
Y todo el público, arremolinándose, de pie y con el puño amenazante, señalaba al vejete que, cuando cantaba la tiple, metía la nariz en la capa para llorar, y ahora se erguía intentando en vano hacerse oír.
¿No debió armarse para entrar en liza Y gritar á la chusma advenediza: «No reinarás sobre mi suelo mas?» ¿Condenaste, Dios mio, por mi culpa La empresa que sino te fuera grata Porque soltando el báculo de plata Del profano baston el puño así?