provinciano


También se encuentra en: Sinónimos.

provinciano, a

1. adj./ s. Que vive en una pequeña ciudad o capital de provincia déjame de capitales, yo me quedo siendo un provinciano. capitalino
2. adj. Que tiene relación con la provincia o con los provincianos.
3. adj./ s. despectivo Que se comporta con poca desenvoltura ante formas de vida más adelantadas. inculto, paleto

provinciano, -na

 
adj.-s. Díc. del habitante de una provincia, en contraposición al de la corte.

provinciano, -na

(pɾoβin'θjano, -na)
abreviación
1. que está relacionado con una provincia una aldea provinciana
2. persona que nació o vive en una provincia una joven provinciana
3. persona que tiene mentalidad cerrada Tenía la típica desconfianza provinciana.
4. elegante que es poco refinado una celebración provinciana

provinciano, -na


sustantivo masculino-femenino
1. persona que nació o vive en una provincia Tuvo un altercado con unos provincianos en un bar.
2. persona que tiene mentalidad cerrada No se te quita lo provinciano con nada.
Traducciones

provinciano

country, provincial

provinciano

provinciale

provinciano

provinciaux

provinciano

Provincial

provinciano

المقاطعة

provinciano

מחוזי

provinciano

지방

provinciano

จังหวัด

provinciano

/a
A. ADJ
1. (= rural) → country antes de s
2. (= paleto) → provincial
3. (anticuado) (= vasco) → Basque, of the Basque Provinces
B. SM/F
1. (= de provincias) → provincial country dweller
2. (anticuado) (= vasco) → Basque
Ejemplos ?
Después de deliberar maduramente, todos prometieron al abate Birotteau su ayuda en la lucha que iba a entablarse entre él y todos los adeptos de sus antagonistas. Un firme presentimiento, un instinto provinciano indefinible los obligaba a unir los nombres de Gamard y Troubert.
Siendo la propiedad un derecho sagrado é inviolable, los miembros de la Provinciano pueden ser privados de ella, ni gravados en sus facultades sin el consentimiento del Congreso, ó por un juicio conforme á las leyes.
yzaguirre me había dicho que si sentía algún gran ruido de noche, en los claustros de arriba, acometiera valerosamente al provinciano que tuviera más próximo de mi cama, y que lo pusiera fuera de combate.
Se le ajustó lo más barato que se pudo un cuarto con vistas a un pasillo que comunicaba, aunque no directamente, con una galería, y allí se acomodó el buen provinciano que tenía la convicción de que en Madrid todos viven así, apretados y a oscuras, y por esto no se quejó.
l año de gracia de 1855 escribí un artículo titulado La Nochebuena del poeta, donde dejé estampadas, para lección y escarmiento de otros hijos pródigos, las negras melancolías y hondas inquietudes que cierto presumido vate provinciano (más codicioso de falsas glorias que agradecido y reverente con sus padres) llegó a sentir, en medio de los esplendores de la corte, la vez primera que, al caer sobre el mundo los sagrados velos de esta noche de bendición, viose solo y sin familia, huérfano y desheredado por su voluntad, vagando a la ventura por calles y plazas, como pájaro sin nido, o más bien como perro sin amo...
Él se sentía profundamente provinciano. Ni corte, ni cortijo; quería su ciudad adormecida, con yerba en algunas calles, con resonancias en los atrios solitarios, con paseos por las largas carreteras, orladas de álamos...
No había más. El oso, el verdadero, el tenaz, es provinciano. Sin saber por qué a punto fijo, Servando comprendía el amor del oso provinciano, sin mañana, porque mañana es como hoy, sin finalidad, como el arte, según Kant, el fin sin fin, le comparaba a los cánticos del coro de los canónigos en la catedral.
La idea de volver a ver los lugares donde había pasado su juventud le exaltaba sin duda, pues no paró de charlar en todo el viaje; luego, apenas llegaron, saltó con presteza del coche para ir en busca de León; y por más que el pasante se resistió, el señor Homais se lo llevó al gran café de «Normandie», donde entró majestuosamente sin quitarse el sombrero, creyendo que era muy provinciano descubrirse en un lugar público.
Los redactores de El Bisturí supieron apreciar en lo que valía la humildad del provinciano, y después de significar que era ya de la mesa, que se le admitía allí como un ingenio colaborador, siguieron las disputas interrumpidas.
En esta verdad está el origen de la guerra de cincuenta años en que las provincias han estado en lucha abierta con Buenos Aires, dando por resultado esta contienda, la preponderancia despótica del porteño sobre el provinciano, hasta el punto de tratarlo como a un ser de escala inferior y de más limitados derechos.
Los gacetilleros, mal vestidos y no siempre bien educados, que ejercían de Aristarcos del bel canto, la trataban ordinariamente con un desdén provinciano que hay que conocer para apreciarlo en toda su humillante amargura.
El de los pantalones de color de canela, como el Quin llamaba para sus adentros al provinciano de barba rala, se sentaba en un banco de felpa y allí se estaba las horas muertas, como podía estar un saco, para los efectos del caso que le hacían.