progresismo


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progresismo

s. m. POLÍTICA, SOCIOLOGÍA Doctrina política y social que defiende las ideas avanzadas, en especial aquellas que propugnan el estado del bienestar, el desarrollo cultural, la defensa de los derechos civiles y un cierto reparto de la riqueza.

progresismo

 
m. Ideas y doctrinas que preconizan el progreso en todos los órdenes, esp. en el político.
sociol. Adhesión a prácticas o principios ligados inicialmente al liberalismo, y, actualmente, a tendencias socializadoras, o, al menos, innovadoras en algún aspecto de la vida social.

progresismo

(pɾoγɾe'sizmo)
sustantivo masculino
doctrina y movimiento político que defiende la búsqueda del desarrollo el progresismo del partido liberal
Traducciones

progresismo

progressismo
Ejemplos ?
Ningún interés individual o de grupo, ningún modelo tecnocrático y ningún falso progresismo, podrán detener a un pueblo acostumbrado a dialogar abiertamente con sus gobernantes y a ejercer sus derechos sin restricción alguna.
a)Una intelectualidad demagógica disfrazada de “progresismo” Porque me gusta hablar en forma directa y con franqueza, quiero recordar desde una Universidad, cómo en ellas fue incubándose la destrucción de nuestros valores fundamentales, aprovechando las deficiencias que su aplicación práctica presentaba.
Luego, vinieron los gobiernos de signo popular que traicionaron el mandato y se convirtieron en los gobiernos más liberales y seguidores del Consenso de Washington. Luego, probaron con un partido popular, centenario y democrático, con un sector del progresismo, casi nos vamos todos al tacho.
Cuando se defendía por la mayoría la libertad, los demagogos disfrazados con el manto del “progresismo” intentaban ridiculizar dicho concepto diciendo que sólo se trataba “ de una libertad para morirse de hambre” .
En otras palabras: la evolución política podría sacrificarse a la evolución social, sólo provisionalmente… Aunque los regímenes representativos de lo que se ha llamado “progresismo oligárquico” en América Latina materializaron muchos de los principios de esta concepción determinista, liberal en lo filosófico y económico, pero conservadora en lo social y político (el nuevo conservadurismo que reclamó Sierra para México), la mayoría de los ideólogos liberales siguió aferrada a sus convicciones democráticas.
Durante decenios, el nombre de este país era equivalente al racismo en su más horrible forma, pero hoy, señor Presidente, usted y sus compatriotas han transformado su significado: de un sinónimo de injusticia y opresión a un faro de progresismo y esperanza, no sólo para un continente aquejado de problemas, sino para todo el mundo.
Paulatinamente, y ya bajo regímenes nacidos de la evolución liberal, todo esto pasó a formar parte, desde México hasta Buenos Aires, del llamado “progresismo oligárquico” latinoamericano.
Finalmente, el Partido Demócrata Cristiano decidió abstenerse dejando el camino libre a Letelier y a Pérez para enfrentarse en una inédita lucha entre ambos partidos del progresismo.
Inmediatamente los progresistas iniciaron una campaña para que la regente María Cristina no sancionara la ley bajo la amenaza de no acatarla y cuando vieron que la regente estaba dispuesta a firmarla dirigieron sus peticiones al general Baldomero Espartero, el personaje más popular del momento tras su triunfo en la Primera Guerra Carlista y que se mostraba más próximo al progresismo que al moderantismo, para que evitara la promulgación de esa ley contraria al «espíritu de la Constitución de 1837».
A mediados de los 40 del siglo XIX apareció en el seno del partido un sector democrático encabezado por José María Orense, Nicolás María Rivero y José Ordax Avecilla, cuya principal reivindicación era que el progresismo defendiera el sufragio universal frente al sufragio censitario.
En 1870 este sector "exaltado" pasaría a estar liderado por un político de peso en el progresismo, Manuel Ruiz Zorrilla, hasta entonces estrecho colaborador del general Prim.
Tras el asesinato del general Prim en diciembre de 1871 que coincidió con la llegada a España del nuevo rey Amadeo I, las división entre el sector encabezado por Sagasta y el encabezado por Ruiz Zorrilla, que tenía el control del partido, se ahondó hasta el punto que Sagasta intentó formar un «tercer partido» entre unionistas y radicales que atrajera «lo mejor de ambos bandos», con el fin último de reunificar el progresismo.