profeta

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profeta

(Del lat. propheta < gr. prophetes.)
1. s. m. OCULTISMO, RELIGIÓN Persona que puede predecir el futuro Isaías y Ezequiel son profetas bíblicos. adivino
2. Persona que por algunas señales conjetura y predice acontecimientos futuros no hay que ser un profeta para ver que, con estas nubes, lloverá. adivino

profeta

 
m. bib. El que, inspirado por Dios, habla en su nombre anunciando sucesos futuros, esp. relacionados con el destino o la salvación del hombre.
rel. En un sentido amplio, hombre que acredita ser portador de la revelación divina y la explica de forma acomodada a su medio ambiente.
fig.El que por algunas señales conjetura y anuncia sucesos futuros.

profeta, -tisa

(pɾo'feta, -'tisa)
sustantivo masculino-femenino
1. religión persona que hace predicciones por inspiración sobrenatural un profeta griego
2. occultism persona que hace predicciones a partir de indicios o señales Lo creíamos un loco por hablar de la guerra y resultó un profeta.
Sinónimos

profeta

sustantivo masculino
vidente, augur*, vate (formal).
Traducciones

profeta

نبي

profeta

profeta

profeta

prorok

profeta

profet

profeta

Prophet

profeta

prophet

profeta

profeto

profeta

پیامبر

profeta

profeetta

profeta

prophète

profeta

נביא

profeta

nabi

profeta

予言者

profeta

예언자

profeta

profeet

profeta

profet

profeta

prorok

profeta

profeta

profeta

proroc

profeta

prorok

profeta

пророк

profeta

profet

profeta

mtume, nabii

profeta

ประกาศก

profeta

peygamber

profeta

пророк

profeta

先知

profeta

Пророк

profeta

先知

profeta

SMprophet
no ser profeta en su tierranot to be a prophet in one's own land
Ejemplos ?
Así que creo en un solo Dios, y creo que ese Dios tenía una religión, tiene una religión y siempre tendrá una religión. Y que ese Dios enseño a todos los profetas la misma religión.
Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del papa, todas esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: "Paz, paz"; y no hay paz.
Cierto es que aun en los mismos justos del Antiguo Testamento ya inhabitó el Espíritu Santo, según lo sabemos de los profetas, de Zacarías, del Bautista, de Simeón y de Ana; pues no fue en Pentecostés cuando el Espíritu Santo comenzó a inhabitar en los Santos por vez primera: en aquel día aumentó sus dones, mostrándose más rico y más abundante en su largueza(32).
Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia Primitiva, esto es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc.
El objeto que Dios se propone al privarles del sentido, y servirse de ellos como ministros, a manera de los profetas y otros adivinos inspirados, es que, al oírles nosotros, tengamos entendido que no son ellos los que dicen cosas tan maravillosas, puesto que están fuera de su buen sentido, sino que son los órganos de la divinidad que nos habla por su boca.
Bálsamo saludable que en el suelo derrama la esperanza y el consuelo la poesía es. ¡Cantad, poetas! ¡Volad como volaron los profetas en alas de sus cánticos al cielo! ¡Volad!
Entonces él les dijo: "¡Qué poco entienden ustedes, y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!
Mucho me sugiere cuanto usted apunta acerca de los judíos, de esta raza perseguida, que por no formar nación subsiste mejor como pueblo; de esa raza de que salieron los profetas y de donde salió el Redentor, a quien dieron muerte sus compatriotas, alegando que era su conducta antipatriótica, como puede verse en el versillo 48 del capítulo XI del Evangelio, según San Juan.
Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: "Cruz, cruz" y no hay cruz. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a través de penas, muertes e infierno.
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
Mas como las turbas de los herejes no lo dejaron tranquilo ni siquiera en aquella soledad, marchó a Constantinopla, donde casi por tres años tuvo como guía y maestro para la interpretación de las Sagradas Letras a San Gregorio el Teólogo, obispo de aquella sede y famosísimo por su ciencia; en esta época tradujo al latín las Homilías de Orígenes sobre los Profetas y la Crónica de Eusebio, y comentó la visión de los serafines de Isaías.