proeza

(redireccionado de proezas)
También se encuentra en: Sinónimos.

proeza

s. f. Acción valerosa o heroica las proezas que me cuentas me parecen inverosímiles. hazaña

proeza

 
f. Hazaña, valentía o acción valerosa.

proeza

(pɾo'eθa)
sustantivo femenino
acción de gran esfuerzo y valor Poblar el desierto fue una proeza insuperable.
Sinónimos

proeza

sustantivo femenino
Traducciones

proeza

prodezza

proeza

Feat

proeza

الفذ

proeza

feat

proeza

feat

proeza

feat

proeza

feat

proeza

SF
1. (= hazaña) → exploit, feat, heroic deed
2. (LAm) (= alarde) → boast
Ejemplos ?
Jamás conseguí averiguar cuáles fueron los primeros pasos de Pepona: cómo debutó en la carrera hacia la cual sentía genial vocación. Cuando la conocí, ya eran teatro de sus proezas las ferias y los caminos de dos provincias.
Verificaron la orden; echaron llave a la puerta y en un momento se escurrió la chusma en pos del caballo del Juez cabizbajo y taciturno. Los federales habían dado fin a una de sus innumerables proezas.
De los pasados barceloneses se lee que en las conquistas de Mallorca, Valencia y Menorca obraron acciones dignas de eterno nombre; en las guerras de Sicilia y Cerdeña ejecutaron las mayores proezas; en Nápoles, el año 1442, la valerosa Coronela de esta ciudad, capitaneada por su consejero Galcerán Destorrens, supo ocupar y mantener las puertas de Santa Sofía, que en esta ciudad se guardan para memoria de esta proeza.
Si al, le hubiese parecido probable el poder defender a este, debemos creer de su paternal amor, que nos lo hubiera prevenido con particular deliberación antes de firmar el tratado; pero el haber dejado un capitán general como el, tan glorioso por sus proezas y tan temido por su valor de los enemigos, para la ejecución del tratado, da claramente a entender que Su Majestad quiere observar religiosamente el tratado de evacuación.
Los que en la villa se quedan Envidiando á los que marchan De no ser de la partida Se querellan ó se alaban. Unos la poca destreza De los ojeadores tachan, Otros cuentan de los mismos Lances que en proezas rayan.
Nada de eso; son los estómagos anchos y fuertes el teatro de sus proezas; y cada diente sincero apologista de su blandura y generoso carácter.
En seguida pasó a reedificar la ciudad de Caravalleda para que sirviese de puerto al comercio de la Metrópoli en lugar del de la Borburata, que había quedado abandonado por las incursiones de los filibusteros; hasta que, despojado injustamente del gobierno de Caracas, murió en el Tocuyo a manos del sentimiento que le causó la ingratitud con que correspondió el gobernador Ponce a sus heroicos servicios; pero su memoria vivirá entre la de los primeros conquistadores de América con el aprecio que merecen las proezas con que logró perpetuarla en Venezuela.
Mas si desvanecerle o perturbarle pudo, o darle el triunfo vértigos de olímpica embriaguez; si altivo con los unos, fué ingrato con los otros, y a algunos vió con ira, y a algunos con desdén, de la flaqueza humana no había nacido exento; y al ajustarle cuentas, en cuenta hay que tener que fueron sus proezas mayores que sus faltas, que en pro de España todas las hizo; que por él en la mitad del mundo se habla hoy en castellano (y la mitad del mundo no es una media nuez); y que cuando iba en busca del mundo americano, de aquél y de su flota como Almirante y juez, señor iba de todos y no sumiso a nadie y no iba para santo, sino para virrey; y en su gestión omnímoda, entonces como ahora, lealtad pedirle, bueno: mas santidad ¿por qué?
Ante ello, los educandos se vuelven espectadores de las proezas intelectuales y verbales de sus maestros o maestras, que suelen pensar ingenua o vanidosamente que con tan solo su egregia palabra, hacen cambiar las actitudes del alumnado ante la naturaleza, la sociedad y las culturas.
Con la ocupación de territorio y la utilización de los medios sociales para la comunicación en tiempo real a nivel mundial de sus ideas y proezas, pretenden cuestionar nuestros valores comunes de paz, justicia y dignidad humana.
Tenía en su mano el antiguo poema de Merlín Coccaie y se delectaba especialmente con la narración de las proezas de Balde, el valiente prototipo de Pantagruel, y todavía más con las incomparables sutilezas y latrocinios de Cingar, ese grotesco patrón que tan felizmente dio forma a nuestro Panurge.
Siete años contaría, cuando su madre, conociendo por la chispa de que ya se hizo mención y por proezas análogas, que era apto para las fatigas del mundo, comenzó a darle los tres mendrugos diarios de pan envueltos en soplamocos y puntapiés.