proceloso


También se encuentra en: Sinónimos.

proceloso, a

(Del lat. procellosus.)
adj. METEOROLOGÍA literario Se aplica al mar cuando está borrascoso, tormentoso o tempestuoso.

proceloso, -sa

 
adj. Borrascoso, tormentoso.
Sinónimos

proceloso

, procelosa
adjetivo
tempestuoso, tormentoso, borrascoso.
Se aplican al mar.
Traducciones

proceloso

prudký

proceloso

stürmisch

proceloso

stormy

proceloso

myrskyisä

proceloso

orageux

proceloso

viharos

proceloso

procelloso

proceloso

procellosus

proceloso

proceloso

proceloso

vijelios

proceloso

stormig

proceloso

fırtınalı

proceloso

huyên náo

proceloso

ADJ (liter) → stormy, tempestuous
Ejemplos ?
The Procession of Pope Clement VII and Emperor Charles V, Edmonston & Douglas, 1875, reproduce la gran cabalgata de la coronación de Carlos V como emperador celebrada en Bolonia por el Papa Clemente VII en 1530 grabada al aguafuerte por Hogenberg y realiza un proceloso estudio de las diferentes emisiones de estos espectaculares grabados.
Pero veía un gran marco de ébano cuyos biseles paralelos retrepaban hacia un cielo raso blanquísimo, que volcaba su luz de yeso sobre una marina: cierto siniestro puente de madera, bajo cuyos contrafuertes ciclópeos hervía una multitud de hombres borrosos, manchados por sombras rojizas, y que acarreaban grandes bultos frente a un proceloso mar de hierro colado, sanguinolento, del que se levantaba en ángulo recto un muelle de piedra obstaculizado de fraguas, rieles y guinches.
¡Pobre niño ambicioso! No contó con las sordas tempestades Del tiempo proceloso, Que arrebata impetuoso Reyes, palacios, gentes y ciudades.
Negro el cabello, imitador undoso De las oscuras aguas del Leteo, Al viento que lo peina proceloso Vuela sin orden, pende sin aseo; Un torrente es su barba impetuosa, Que -adusto hijo de este Pirineo- Su pecho inunda- o tarde, o mal, o en vano Surcada aun de los dedos de su mano.
¡Ojalá que cuando mi madre me dio a luz, un viento proceloso me hubiese llevado al monte o al estruendoso mar, para hacerme juguete de las olas, antes que tales hechos ocurrieran!
Envió Cristo al mar proceloso de este siglo unos pescadores con las redes de la fe, que ignoraban las artes liberales, y por lo que respecta a su ciencia y doctrina, totalmente rudos, sin tener noticia de gramática, sin ir prevenidos ni armados de los sofismas de la dialéctica, ni hinchados con los discursos elocuentes de la retórica, y de esta manera pescó de todo género tanto número de peces, y entre ellas también a los mismos filósofos, lance tanto más admirable cuanto mas raro, que si se quiere podemos añadir a los dos increíbles que hemos dicho.
Cuando con el rumor de bronco trueno preñado como el mar de espuma hirviente, que rebosa en los diques de su seno y corona su salto sorprendente, se desprende el Niagara, de su asiento, émulo del diluvio proceloso, rey de las cataratas turbulento, de masas de cristal turbio coloso; cuando con gran sorpresa de sí mismo, desde el aire azotado que domina, derrumba a las entrañas del abismo que le sirve de tumba cristalina; cuando el iris magnífico retrata en medio de brillantes surtidores de menudos aljofares y plata, que saltan con murmullos hervidores; cuando ruge feroz como tormenta, y al que mira embelesa o bien espanta, pues vierte los furores que alimenta en sus raudales líquidos...
Dejemos a los muertos en reposo Y que duerman en paz, si es su destino; Harto haremos en mar tan proceloso Como es la vida, en encontrar camino.
Tal vez a la orilla del mar tempestuoso Tu pálida imagen por él seguiré; Tal vez con las ondas del mar proceloso Mis lágrimas turbias mezclarse veré.
O la vida, o la muerte: la vida despedaza, crucifica, atormenta sin medida, y apurar hace del dolor la taza; la invierte nos arredra e intimida, y su recuerdo sólo nos espanta, y erízase el cabello y se hiela la voz en la garganta: si es proceloso el mar en que navega la humana estirpe ciega, y está de escollos por do quier cubierto, es más horrible y temeroso el puerto donde su nave destrozada llega.
Oíase a lo lejos rodar la tempestad, arrebatada en alas del revuelto torbellino; Y en pos de los vivísimos reflejos del rápido relámpago rugía la poderosa voz del ronco trueno, que la nube sombría dentro guardaba del preñado seno, del viento proceloso al vaivén vigoroso crujir se oían los tronchados robles, y de los puentes las cadenas dobles rechinar en los goznes sacudidos por el recio huracán estremecidos.
Por fortuna no has perdido el ceñidor con que puedes suspenderte del olmo cercano, o si prefieres estrellarte en las duras rocas y en medio de los escollos, arrójate al mar proceloso, y así evitarás, retoño de sangre real, el ultraje de hilar como sierva la lana, y obedecer a una rival extranjera.» Oyó estas quejas Venus sonriendo malignamente, y Cupido con la aljaba depuesta; y después de burlarse cuanto quiso de sus penas, exclamó: «No te dejes arrebatar por la cólera y el furor cuando ese toro aborrecido humille ante ti sus cuernos que pretendes destrozar.